Caza de brujas

Hay que verla. La entrevista de Oprah Winfrey con las estrellas y productoras de Hollywood. Entre otras con Natalie Portman, Reese Witherspoon y Kathleen Kennedy. Lideran TimesUp. La campaña que pretende acabar con los abusos sexuales dentro y fuera del cine. En un momento dado Winfrey, loca candidata demócrata a la Casa Blanca y, en sus días de gloria, irrepetible propagandista del pensamiento magufo (homeópatas, antivacunas, curanderos y otros notorios sinvergüenzas), pregunta muy seria a las justicieras sobre el «ultramonstruo» (Claire Dereder dixit) Woody Allen. ¿Creen las alegaciones de su hija Dylan Farrow? ¿Se ha terminado el tiempo del director de Manhattan, ese atroz canto a la pederastia (bueno, más o menos)? «Yo te creo, Dylan», responde Portman. Las compañeras asienten. Cabecean. Sonríen. Alea iacta est. Woody, fusilado. Sus películas, a la mierda. La posibilidad de que dirija otra, seriamente arrasada. Sus actores, gimoteando por las esquinas y/o renunciando a sus sueldos; los que no se lo han gastado. Madre mía, cómo iban ellos a creer en las conclusiones del juez y los peritos teniendo como tienen delante la emotividad y el buen rollo, la cosita solidaria y el amor por los seres humanos, la sed de justicia, infinita, y el perspicaz instinto de unas actrices/hermanas erigidas en sapientísimos jueces de un tribunal ante el que no cabe presentar pruebas o hablar con abogados o entrevistar testigos. Un tribunal sumarísimo. Popular. Automático. Basta con que Portman arrugue la naricita y silbe, uh, te creo, creo en Dylan, y hala, ya, listo, hágase en la Tierra la justicia que nos birlaron las togas y, ay, la cobarde Mia Farrow, que a cambio de quedarse con la custodia de sus hijos adoptivos aceptó no recurrir la decisión judicial de exonerar a Allen. En el clima actual, con un Hollywood jibarizado, con una prensa que, salvo hermosas excepciones, agita espantajos y señala disidentes, emociona leer las palabras de Alec Baldwin: «¿Es posible apoyar a los supervivientes de pedofilia y abuso sexual y al mismo tiempo creer que Woody Allen es inocente? Creo que sí. No se trata de descartar o ignorar las quejas. Pero acusar a la gente de esos crímenes debiera de hacerse con cuidado. Entre otras cosas por el bien de las víctimas». Todavía más fabuloso resulta que nadie entre los valientes que aspiran a capar al director preste atención a las alegaciones de Ronan Farrow, también hijo adoptiva de Mia y Woody. Ronan acusa a la primera de maltratadora. Apuesta a que inventó y ensayó el testimonio de la niña contra su padre. Todo mientras discutimos si el actor y director Aziz Ansari abusó sexualmente de una chica que lo acusa de haberse citado con ella, haber cenado juntos en un restaurante de Manhattan, haber ido luego al apartamento del chico y haberse acostado juntos... sin reparar en que ella intentaba decirle mediante «señales no verbales» que no quería. La periodista Bari Weiss opina que Aziz solo es culpable de no leer la mente. Valiente cerda, la Weiss. Igual que Allen. Y que ustedes, a poco que no comulguen con la insaciable apetencia de los verdugos.