Cielos caídos

La Razón
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«Que se haga justicia aunque se caigan los cielos» (Fiat iustitia ruat caelum). La máxima latina que debería presidir todas las salas de justicia, o al menos la cabeza de sus magistrados, tiene visos de amenaza bíblica aunque se queda en mero amago. Deberíamos tener la tierra sembrada de cielos, pero luce yerma quizá porque se abona con sentencias llenas de palabras que claman al cielo.

Hace unos días leí la carta escrita por la viuda de Eloy Palacio, el bombero que hace unos meses perdió la vida en la extinción del incendio de un edificio de la calle Uría de Oviedo donde acudió a ayudar como refuerzo a pesar de ser su día libre. En ella Marta expresa su consternación por la decisión de la Audiencia Provincial de Oviedo de archivar la causa del accidente haciendo bueno el dictamen de la jueza que no encontró indicios de delito contra la seguridad de los trabajadores, tal y como se denunciaba y por lo que tres mandos estaban imputados. El caso es complejo porque cada parte dice una cosa, pero sin duda hay más sombras que luces en lo que realmente sucedió aquel 7 de abril de 2016 sobre órdenes dadas o no dadas, decisiones tomadas, infracciones, testimonios contradictorios, etc... Lejos de entrar a valorar la decisión judicial y la investigación previa, lo que no es de recibo es que un juez escriba en una sentencia que el accidente en el que murió un bombero, a quien ni siquiera le correspondía estar allí, se debió a su exceso de celo. Le falta decir «él se lo buscó, para qué fue». Suena tan despreciable que incluso duele escucharlo. Me pregunto qué hubiera pensado la jueza sobre el exceso de celo si en el edificio hubiera estado ella o algún familiar suyo. Supongo que ahora estaría mirando al cielo, quizá dando gracias por los excesos. Creía Gustave Flaubert que si miráramos siempre al cielo, acabaríamos por tener alas. Algunos jueces deberían mirar más al cielo aunque fuera para tener los pies un poco más en la tierra que pisamos todos. Así no van a caer muchos cielos, a no ser que los empujen.