Claudicación de la ideología

El pleno del Parlament de Cataluña lo eclipsará todo esta semana. Todos los problemas de los ciudadanos se trasladarán a futuro. El paro, el deterioro de los servicios sociales, los recortes en educación o sanidad, la ausencia de empleo o la destrucción del tejido empresarial serán mencionados, para que no se diga, pero no serán ese oscuro objeto de deseo. El nacionalismo, ahora ya vestido de gala de soberanismo, centrará todo el debate político en el derecho a decidir. El que se atreva a poner en cuestión que el soberanismo es «obviamente benéfico» como decía acertadamente el profesor Manuel Cruz, será menospreciado y vilipendiado.

El nacionalismo catalán tratará –conseguirá– de posponer todo debate económico y social hasta después de la independencia, ese escenario el que todo se solucionará. Desdibujará el debate político bajo ese mantra del derecho a decidir que está por encima del debate entre izquierda y derecha. Las ideologías han sido superadas por el nunca cuestionado nacionalismo que busca las mayorías en torno a unos postulados en el que las ideas han pasado a mejor vida.

La izquierda catalana –partidos y sindicatos, PSC, ICV, UGT y CCOO– han caído en la telaraña del secesionismo haciendo seguidismo del nacionalismo no del catalanismo sino del soberanismo. Mas se esforzará en conseguir su apoyo para el derecho a decidir calificando de antidemócrata a todo aquel que ose poner en cuestión su Vía Catalana. Esa que pone el carro ante los bueyes. Esa que obvia la salida de la crisis y que pretende convertir la ley en un kleenex que se usa cuando se necesita o se tira cuando molesta.

Quizás la izquierda catalana y el nacionalismo imperante deberían tomar nota de la Vía Vasca. El PNV no renuncia al derecho a decidir que siempre será legal. Después del fracaso del plan Ibarretxe, los nacionalistas vascos han optado por la sensatez administrando los sentimientos, parafraseando a Duran y Lleida, y poniendo en valor a la política. Una política que opta por el pragmatismo apostando por un pacto con los socialistas para salir de la crisis. No con Bildu, tomen nota.

En Cataluña, las cosas son bien diferentes. Se apuesta por atizar los sentimientos hasta llevarlos a la caricaturización de la realidad. La izquierda sin rumbo se arrodilla, vencida y desarmada, ante el nacionalismo sin pedir nada a cambio, ni tan siquiera un somero pacto anticrisis que no aplace los problemas hasta la entelequia de la independencia. Eso es, simplemente, claudicación y renuncia a la ideología.