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Crisis existencial

Que algunos países de América Latina se encuentran en una etapa pre-revolucionaria resulta fácil de advertir y que las calles de América Latina han entrado en un estado de crisis y revueltas políticas y sociales es tan solo una mera constatación de la realidad.

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Además, esta situación parece que se extiende, semana tras semana, a distintos países de la región. Así sucede en Ecuador, Chile y, ahora en Bolivia, sin olvidar las importantes tensiones sociales que existen en México (con menor intensidad) Nicaragua o Venezuela y que, por el momento, confiemos en que no suceda, no se han expresado gravemente en otros países como Argentina o Brasil.

Lo que está sucediendo se podría describir e, incluso, analizar con los parámetros tradicionales de las relaciones internacionales y de la ciencia política pero existen algunos componentes de azar y sorpresa que resultan bastante difícil determinar. Los síntomas son evidentes pero el diagnóstico no es tan claro y, menos aún, las eventuales soluciones. Cada una de las situaciones de conflicto y revueltas tiene descriptores propios y, por lo tanto, soluciones distintas. Lo que parece preciso, en todo caso, es calmar las situaciones y llegar a acuerdos que sean satisfactorios.

No todo se puede explicar por la situación de desigualdad que vive la región, aunque es un factor sumamente importante, ni tampoco por la crisis económica y el aumento de la corrupción, siendo como son elementos esenciales de lo que está sucediendo.

América Latina vive también una crisis política de gran envergadura en la que las proclamas en favor de la democracia, como régimen político consagrado en la Carta Democrática interamericana, llegan a ser insuficientes para entenderlo y, sobre todo, para encontrar plenas soluciones.

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La crisis en Bolivia es un buen ejemplo de esta situación. El sistema democrático es un componente esencial para proponer la solución pero habría que evitar un contexto de caos, violencia y vacío de poder.

La vigencia del respeto a los derechos humanos resulta imprescindible y, también, impedir que las tendencias políticas de uno u otro signo agraven todavía más la situación. América Latina precisa de moderación en tiempos convulsos sobre la base de la democracia y los derechos humanos.

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