Delfín ya es inmortal

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La soga al cuello de Bimba Bosé nos liberó. De los modistillas de salones púrpuras que no hacían más que alabar como cortesanos a unas señoras decadentes. El surrealismo renació en el siglo XXI cuando ya parecía abortado. Aquel día nació una estrella que nunca supo por dónde se pondría el sol. Tal vez todavía no lo sepa. Aquella mezcla de trascendencia y mundanidad retrató una nueva «dolce vita» cuando Madrid ya se estaba volviendo triste y avinagrado. A Delfín le han concedido el Nacional de Moda. Ya es inmortal. Pero de alguna forma ya lo era. Porque se sacaba hormigas dalinianas de la boca como si viniera de otro mundo en el que la ropa poseía vida propia sin necesidad de que nadie la luciera como un trofeo. El premio era él.