Diez años de los Premios Campoamor

La Razón
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No pocas dudas me surgieron cuando, hace once años, me llamó Inés Argüelles para contarme su proyecto de constitución en Oviedo de una fundación que premiase lo mejor de cada temporada lírica en todas sus categorías y me solicitó mi incorporación al jurado de críticos que juzgaría todas aquellas labores. De un lado sentí una sincera gratitud, ya que mi relación con ella no había sido muy fluida durante su etapa como directora general del Real. Su ofrecimiento demostraba cómo dos personas que pueden tener puntos de vista diferentes en un proyecto son capaces de ayudarse en otro cuando no existen cuestiones personales por en medio y sí competencia profesional. De otro lado era obvio que la fundación iba a tener una gran dependencia política y, visto lo visto como patrono en el Teatro Real, esto no era algo tentador. Pero la idea era buena e inexistente en nuestro país. Para instituciones y artistas es importante saber que el jurado que otorga los premios se haya compuesto por diez críticos que representan a los principales medios de comunicación, curiosamente todas de sexo masculino, pero que reflejan fielmente las variadas tendencias estéticas de la sociedad actual. Diez años después los premios, bautizados como «Campoamor», se han consolidado. Los teatros y profesionales del sector han presentado este año más de cuatrocientas candidaturas. Todos están deseando ser galardonados en alguna de sus categorías. La relación de premiados, imposible de reflejar aquí, contiene tanto grandes nombres del pasado como del presente e incluso futuro.

Un aspecto primordial es también la gala en la que se hace entrega de los premios, tanto por su desarrollo y escenificación –Sagi en tres ocasiones, Del Monaco, Plaza, Rechi, Bollain, Pasqual y Bieito han realizado excelentes trabajos– como por su capacidad de convocatoria. Hay que agradecer a la ciudad de Oviedo y a sus sucesivos alcaldes el formidable apoyo que prestan a la iniciativa desde sus inicios. La pertenencia a un mismo partido ha facilitado mucho las cosas. Los recientes cambios en los gobiernos locales pueden producir inquietudes, pues sólo con continuidad y perseverancia, sin desmayos, es como se afianzan las cosas. Las dudas que se traduzcan en un parón o retroceso en un cualquier proyecto consolidado y que funciona bien engrasado suponen un desastre para su continuidad, ya que curar un herido es frecuentemente más difícil que asistir a un parto. Es lógica la tendencia a buscar patrocinios de la sociedad civil que permitan reducir la financiación pública, pero sólo debería disminuir ésta en la misma medida que se fuese consiguiendo la privada y en su búsqueda es primordial la propia labor de los máximos mandatarios públicos. Los Premios Campoamor son importantes para la lírica española y para Oviedo. No debe olvidarse.