Disfrutar cuando toque y alegrarse por el prójimo cuando no

Aceptado que la infancia es la patria del hombre, resultará que somos lo que mamamos; una conclusión a la que, con más lecturas, llegó el mismísimo doctor Freud. En un hogar futbolero y liberal, o sea, el niño que fue quien esto firma no tuvo otro remedio que convertirse en un antimadridista irreductible. El Real Madrid es el equipo más popular de España, pero genera un virulento rechazo en aquellas ciudades que tienen la suerte de contar con un club, o dos, con solera: Barcelona, por descontado, pero también Valencia, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, San Sebastián, Pamplona o Gijón (y La Coruña cuando el Superdépor) viven contra el Realísimo igual que Vázquez Montalbán vivía contra Franco. Tampoco a quienes creemos en el individuo como único motor de la prosperidad nos simpatiza esa identificación con el poder de un club que cuenta con medio Gobierno (gobierne quien gobierne) entre sus hinchas y con el único presidente que compagina asiento en la LFP y las tenidas del Ibex 35. Estaba complicado alegrarse para algunos con el gol de Sergio Ramos, sí, pero luego llega Carletto Ancelotti que, sin darse importancia a la salud de «The special one», dice que «soy feliz porque he hecho feliz a muchos». Pues hay que darle la razón. También concluir que los liberales y los futboleros nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos. Que los afortunados disfruten con su copa (de ellos).