Distracciones, las justas

Estar a lo que hay que estar. No permitir que nada ni nadie, desde la irrelevancia, perturbe el trabajo bien hecho. No consentir ninguna desviación de la atención respecto del foco fundamental, que sigue siendo la salida de la crisis a través de la inteligencia, la mesura y la tenacidad. O sea, distracciones, a ser posible ninguna. Ésa es la consigna del Gobierno. Muy propicia.Y sin embargo es verdad que por encima de la economía hay cuestiones de calado a las que deberá responder y que deberá en los próximos días y semanas gestionar. La primera, qué posición tomar como aliados ante una eventual intervención militar en Siria. La segunda, cómo amaestrar la delirante deriva separatista en Cataluña, que se concretará de forma tan tangible como fantasmal (¡paradojas!) en la Diada. La tercera, de qué manera neutralizar la propaganda y las mentiras esparcidas por el canalla de Bárcenas para desestabilizar al Partido Popular.

Todas distintas, cada una con su diferente peso, pero son cuestiones que ni pueden ni deben frenar la acción de un poder ejecutivo que busca estabilidad. La que necesita España. Y que está sembrando tranquilidad a los ciudadanos al confirmar lo que ya intuíamos. En primera instancia, que con pocas variaciones serán los mismos hombres y mujeres que hasta ahora han llevado las riendas del país los encargados de seguir haciéndolo. De otro lado, que no habrá descanso ni reservas ni titubeos ni complejos para seguir adelante con un macroproyecto de reformas erigido en tabla de salvación nacional.

Decía Samuel Johnson que las grandes obras no se hacen tanto con la fuerza sino con la perseverancia. Y ahí esta Rajoy. Perseverando en la gran obra de levantar una nación que encontró tocada y al borde del hundimiento.