El 21-D: el precio de la foto de la humillación

La Razón
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La memoria es frágil, pero no debería serlo tanto. No creo que la inmensa mayoría de los españoles olviden la foto de la indignidad y la humillación. Es la historia de una imagen que era innecesaria, aunque Sánchez ha conseguido el apoyo de los independentistas para sus presupuestos. Es el precio de una indignidad. Lo que no entiendo es la irresponsabilidad del Gobierno de España al aceptar la celebración de una cumbre bilateral en pie de igualdad. Se ha hecho con un gobierno catalán que es la continuidad de aquellos que hace muy poco tiempo vulneraron el ordenamiento constitucional y estatutario, intentaron imponer la independencia y han conseguido romper la sociedad catalana. Es realmente patético. No creo que los votantes socialistas entiendan esta claudicación ante los separatistas.

Sánchez considera que el dialogo es complacer a los enemigos de España y su Constitución. El dialogo es entregarse a los deseos del independentismo. Todo ello controlado por un huido de la justicia, Carles Puigdemont, que tiene el mando a distancia que le permite mover el gobierno catalán como si fuera una marioneta. El Gobierno de España ha decidido renunciar la defensa de los constitucionalistas catalanes y lo que tampoco entiendo es cómo no entiende el mensaje de las elecciones andaluzas. La política socialista en Cataluña sustentada en la sumisión ha hecho que la izquierda pierda más de 700.000 votos. Y, a pesar de ello, sigue insistiendo en la senda equivocada. Al final Sánchez conseguirá destruir el PSOE. De momento estamos asistiendo al hecho insólito de observar que por primera vez el socialismo perderá el gobierno andaluz. Todos estábamos convencidos de que era algo imposible, pero las torpezas y el entreguismo ha dado este resultado.

Tras la reunión hubo un comunicado que es de aurora boreal. Ni siquiera se cita a la Constitución, para no ofender a los que quieren romper a España, y por supuesto se cita a Franco y el franquismo, porque hay que desfranquizar nuestro país. Y eso lo dicen impunemente, un auténtico insulto a la inteligencia, en 2019 y en el año que celebramos el cuarenta aniversario de la aprobación de nuestra Carta Magna. La solución política es un despropósito de dimensiones galácticas, porque es renunciar precisamente a la defensa de los valores constitucionales y el ordenamiento legal. No hay más que ver la reacción airada de los barones socialistas que se están dando cuenta del tsunami que llegará a las urnas y que les puede expulsar de los gobiernos, aunque eso sí, Sánchez seguirá en La Moncloa mientras su partido pierde autonomías y municipios.

Es algo de lo que tienen que tomar buena nota también los dirigentes de Podemos. No hay que olvidar que sus votantes no son, precisamente, defensores del derecho a decidir que quiere imponer el independentismo catalán. Hemos visto cómo Torra defendía la vía eslovena, aunque al observar las reacciones ante su ignorancia histórica, algo que no me sorprende conociéndolo, y al poco se olvidaba de ella. La debilidad del constitucionalismo es la fuerza que impulsa a Puigdemont, su sicario Torra y los líderes de la “coalición” que quiere destruir España. No se puede dialogar con ellos. Es verdad que un sector del independentismo esta descontento con lo que sucedió el 21-D, pero al presidente del Gobierno solo le importa seguir en la Moncloa y hay que reconocer que lo ha conseguido. He de reconocer que esperaba más de él y estaba convencido que jugaría el partido con mayor habilidad, pero estoy comprobando que no es así. El conjunto de torpezas que estamos viviendo abre el camino a una sucesión de derrotas que conducirá a un apoyo mayoritario a quienes defiendan España y los valores constitucionales. Es evidente que es algo que ni hace ni quiere hacer Sánchez y sus ministros.