El bosque abandonado

«¡Hola, soy el bosque de tu zona! Cuando yo me quemo, algo tuyo se quema». En España practicamos el «acordarnos de Santa Bárbara cuando truena». Somos expertos en cruzar los dedos esperando que no suceda nada y nos lamentamos si pasa. Empero, no aprendemos la lección ni a la de tres.

En las casas mal gestionadas se tiene dinero para «fiestas», no para lo esencial, lo cual es el colmo del derroche irresponsable. Si un bosque no se limpia, se incendia. La naturaleza sabe cuidar de sí misma, pero no la dejamos porque la tenemos «invadida».

La fiebre «constructora» ha asolado bosques, huertos y todo lo que ha pillado. No debería recalificarse ningún monte cuando se quema, sino que debería repoblarse. Porque si se recalificase, conociendo al españolito medio, medio país se volverá pirómano.

Deberíamos tener conciencia ecologista de verdad, no de la de «salón», y asumir que, si cuidamos de la naturaleza, ésta cuidará de nosotros. Si el bosque se quema, algo mío puede quemarse. Un país que no cuida de sus montes vive de espaldas a la naturaleza y acaba por convertirse en un desierto en todos los sentidos.

«Hola, soy el bosque. Si me quemo, no podré respirar. Si a ti se te quemase la piel, te morirías». En un incendio muere la vida: árboles, animales, un ecosistema, e incluso personas. Menos derroche, y más limpiar el monte.