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El carné de Raúl

Jugaba el Atlético y Jorge Valdano, comentarista de los buenos en beIN Sports, hasta en dos ocasiones confundió al equipo de Simeone con el Real Madrid, que ni siquiera estaba jugando. «Lapsus linguae», que concluía Pablo Porta si decía lo que no era. A Valdano, que antes de tener taquilla en el Bernabéu pasó por Newell’s, Alavés y Zaragoza, no le crujieron los atléticos por el desliz y, sin embargo, el radicalismo madridista le reprochó sus comentarios, más o menos acertados, en el clásico, por no alinearse con el pensamiento único, que es aquel que en un rasgo de generosidad proclama: «Todo lo tuyo es mío y lo mío, también».

Coincidió Raúl con él en ese Barça-Madrid, intentó ser neutral, que es lo que se espera de un opinador que habla para todo el mundo, y algunos, los de siempre, percibieron en sus apreciaciones un exceso de generosidad hacia los blaugrana o, lo que es lo mismo, falta de ella con los madridistas. Y también le «retiraron» el carné del club que defendió durante 17 años sin que pudiera reprochársele su rendimiento, óptimo, y después de haber mandado callar al Camp Nou en un partido memorable.

El héroe dejó de serlo, para los menos, porque sus opiniones no coincidían con las de los intransigentes, o no permite que le mediaticen ni que influyan en sus comentarios, acierte o se equivoque al emitirlos.

La penúltima crítica de los expendedores del carné madridista a Raúl es por una entrevista que le han hecho en el «Sport», donde a la pregunta de si «¿podría darse el caso de que llegara a trabajar en el Barcelona?», ha respondido diplomático –es embajador de LaLiga, que conste–: «Lo primero es regresar a mi casa, al Real Madrid. Pero esto es fútbol y nunca se puede decir que no haré esto o lo otro». Y se ha liado. Otra vez la burra al trigo y la mula con anteojeras, así no hay manera de prosperar.