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El Goya para un transexual

Guillermo del Toro es un hombretón pasado de kilos que igual haría carrera en un local de osos. Parte como favorito en la quiniela hacia el Oscar, ya se llevó el León de Oro en Venecia, pero esos pelos en las piernas, ese aspecto como de cavernícola, le resta muchos puntos a favor de «Tres anuncios en las afueras», la de Frances McDormand. Quien no vote por una mujer sería un medio delincuente que seguro ha usado el batín de Weinstein. Será una injusticia para tapar otras, lo que la convierte en una injusticia mayor. ¿Puede decir sin temor a equivocarse Guillermo del Toro que jamás ha piropeado? No hay que irse tan lejos. Aquí, la película más taquillera es la magnífica «Perfectos desconocidos», de Álex de la Iglesia. ¡Una película española, y además buena, en la cima! Pues aunque no se lo crean, ya no por micromachismos, sino por microestupideces, no está entre las elegidas para llevarse el Goya. Tampoco los periodistas cinematográficos la han tenido en cuenta en esa gala paripé de los Feroz en la que los premios fueron entregados por mujeres. Mucho de boquilla pero ninguna habló del batín español. Será que no lo hay. En España se acosa directamente en gayumbos. Que devuelvan el dinero, como las enajenadas actrices de Woody Allen. Álex, querido, si quieres llevarte un Goya tendrás que cambiar de género, hacerte transexual, con esa corpulencia de las putas de «La Strada» harás furor. El Goya parece cantado para una mujer, además catalana, por otra más que estimable película, pero que desgraciadamente han visto los que más o menos conectan con la 2 de TVE, «Verano 1993». A Almodóvar o Amenábar ya no les vale la cuota gay. Para lo que nos ocupa son machos, así que sigan a De la Iglesia, amante de señoras estupendas. Almodóvar también tiene que dar el paso a la transexualidad. Hacerse un Wachowsi. Los hermanos de «Matrix». Hoy hermanas. Hasta Puigdemomt podría aprovechar sus vacaciones para convertir su pelazo en melena. Una Artadi. El mundo paralelo de las redes sociales cala ya en el analógico como una marea negra. En la gala de «Operación Triunfo» a un jurado se le ocurrió decir al único finalista varón que era la envidia de los españoles porque tendría cuatro compañeras en la academia y casi le cortan el cuello. Verbalizar lo obvio también es machismo. Y mientras tanto, Mujeres, Hombres y Viceversa continúa en la parrilla televisiva. El partido político de los hombres mancillados tendría ya tantos votos como el animalista. Y los verdaderos problemas de las mujeres –la llamada brecha salarial y esas minucias– sin resolver y ya contaminados por la basura ideológica. Tanto fango para acabar presos de María Lapiedra.

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