El nuevo PSOE

La Razón
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Dentro de unos meses el PSOE cumplirá 140 años. Es un largo periodo en el que el partido ha ido evolucionando en sus planteamientos y en su acción, de acuerdo con lo que en cada momento ha ido sucediendo. La evolución más importante la vivió de la mano de los protagonistas de Suresnes: Felipe González, Alfonso Guerra y Nicolás Redondo, de allí y con ellos, resurgió un partido socialdemócrata influido por los postulados de Willy Brandt y el SPD alemán.

En los años 50, y de manera más contundente en los 60, el socialismo teutón evolucionó desde un partido que solo representaba a una clase social hacia un proyecto político de amplio espectro en el que se podían sentir identificadas también las capas medias y otros segmentos sociales. Nuestra versión española cristalizó con ese PSOE que enterró el marxismo en 1981 y que gobernó hasta bien entrados los años 90.

El Partido Socialista fue la fuerza de la izquierda más votada después de la dictadura, para sorpresa del PCE, porque los españoles querían parecerse más a la Alemania libre y no tanto a la extinta URSS. Felipe González ocupó el poder para cambiar España y lo hizo porque tenía el apoyo en las urnas y en el Parlamento, pero cuando no fue suficiente, convocó elecciones, como en 1996. El PSOE quería el poder para cambiar las cosas y, si no podía, no se resistía a dejarlo.

Pero el presidente Sánchez está remozando las cosas. Tanto González como Zapatero gobernaron sólo cuando fueron la fuerza más votada: en 1996, el PSOE podría haber intentado alianzas que le permitiese seguir en el poder, pero renunció porque entendió que no contaba con el apoyo popular.

En las últimas horas, el Sr. Sánchez ha afirmado que considera accesorio si el Gobierno saca adelante las cuentas públicas porque las medidas que considera necesarias para «reconstruir el Estado de Bienestar» pueden tenerlas a través de unos nuevos Presupuestos y, si no es posible, por la vía de decretos leyes. Sin embargo, la afirmación puede ser cuestionable desde posiciones socialistas. La reconstrucción hoy del Estado de Bienestar es algo más profundo que poner unos euros más en alguno de los pilares que lo constituyen. Requiere una profunda reforma desde dos ámbitos: la sostenibilidad interna y externa del mismo, es decir, qué cartera de servicios debe prestarse y cómo deben gestionarse adecuadamente, además de cómo estos se van a financiar.

Los Presupuestos Generales que fueron elaborados según los criterios del Partido Popular, son los que determinan la política económica. Los decretos leyes son cataplasmas con eficacia reducida. Esto nos hace pensar que en este PSOE actual el gobierno se ha convertido en un objetivo en sí mismo y ha dejado de tener ese carácter instrumental que siempre ha tenido para los socialistas.

Los de Pablo Iglesias se están preparando para ahogar a este nuevo partido, tratando de buscar contradicciones entre lo que opinaba antes y después de estar en el Gobierno y con la cuestión catalana, que hace más daño a los socialistas que a los morados, pero el auténtico riesgo para el PSOE es otro.

Son muchos cambios, en ocasiones, no fácilmente asimilables para la cultura política socialista más clásica, pero lo que está aún por saberse es si esto representa un nuevo PSOE, el de Pedro Sánchez, como le gusta remarcar a algún medio de comunicación o si es un paréntesis en la historia del mismo.