El país de las maravillas

La Razón
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Convidé a almorzar (allí la comida es la cena) al ministro peronista de Exteriores, Guido di Tella, un aristocratizante egresado en ingeniería y economía del Intituto Tecnológico de Massachusets, rico por familia y de modales exquisitos, para que me ayudara a entender el peronismo. «Los europeos no entienden que los peronistas somos lo mismo que el Partido Demócrata estadounidense, lo que nos ocurre es que el Justicialismo es un sentimiento y nos entra por la piel». Agradecí su elegancia y vomité sus explicaciones subnormales. Pedí una reunión con Lorenzo Miguel, capo de los sindicatos peronistas, organizador de los piqueteros que cortan las rutas del país y artífice de los escraches. Hasta cinco veces entraron al despacho fulanos con chupa para los que debí ser invisible y Miguel abría las gavetas y entregaba mazos de pesos sin que se intercambiara papel alguno y su mesa fuera una caja registradora pero sin tickets. «No tenemos auditorías, ni falta que nos hacen. Cada gremio hace sus cuentas, y no nos vamos a robar a nosotros mismos. Lo que dicen mis enemigos es por defender por todos los medios el sindicalismo peronista. ¿Por qué no investiga usted quiénes robaron las manos al cadáver de Perón?». Perón destruyó a su izquierda, más intelectual que obrera o campesina, y la derecha sigue afincada en la oligarquía agrícola-ganadera; hundida en aquel corralito la Unión Cívica Radical (krausistas, regeneracionistas) todo lo demás es campo para el movimiento Justicialista. Perón dijo de los zurdos: «Vuelan bajo». Y la degradación moral de esa izquierda raptada por el peronismo se ejemplifica en un secretario general del Partido Comunista argentino a quien tocó un pleno del PRODE (Pronósticos Deportivos-La quiniela) con una bolsa de millones de dólares. El revolucionario desapareció con el dinero sin dejar una propina a sus camaradas. Ochenta y tres partidos en liza reflejan la dispersión del voto con dos candidatos peronistas y uno conservador-liberal o gorila para el Justicialismo. Scioli es un niño bien, sorprendente aliado de la señora K. Piloto de motonáutica, su bólido hizo un rizo perdiendo un brazo hasta el hombro. Casado con la modelo Karina Rabollini, la imagen sonriente del amputado y la belleza es irresistible. Massa estuvo en el núcleo duro del kirchnerismo, del que salió rebotado más por ambición que por honradez. Macri es otro frecuentador de la noche porteña y propietario del Boca Juniors. Si no hay 40%, habrá ballotage por primera vez. En tal caso, Macri podría llegar a la Casa Rosada si se concita toda la hostilidad generada por la señora K. Otra vez peronistas contra peronistas.