El pulso entre la modernidad y la tradición

El lunes de madrugada la cubierta de Las Ventas se desplomó. A cuatro días de su inauguración, el proyecto que pretendía dar cobijo a celebraciones durante el invierno se desmoronaba. Mucho ha dado que hablar el nuevo formato, aunque en realidad poco afectaba al mundo del toro. Durante la temporada se celebran en Madrid 64 espectáculos. De marzo a octubre la Monumental se convierte en plaza de temporada. Desde que se planteó la cubierta de la plaza en el otoño se avivó el eterno debate entre los taurinos, aunque se sabía que este formato de cubierta era temporal, dado que la reforma suprimía casi 8.000 localidades. De fondo, los aficionados se dividieron. Gran parte de los profesionales optan por cubrir la plaza por los obvios beneficios que tiene apartar del panorama el viento y la lluvia, inclemencias que tantas tardes dificultan el desarrollo de un festejo. Los más tradicionales se quedan en el argumento de la pérdida de autenticidad en recintos cerrados, incluso la diferencia de sonoridad. Entra ahí la identidad de cada plaza, cada público. Muchas son las dudas sobre la posible cubierta para la plaza de Madrid, acabada en 1929. La modernidad y la tradición echan el pulso. Y en ello siguen.