El seny se perdió en el oasis

La Razón
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«El separatismo es una enfermedad tan decimonónica como el nacionalismo y el centralismo. Es una enfermedad de la que no hay casi que preocuparse; se extingue sola, como un microbio que ha perdido la virulencia (...). No; nada de separatismo. Hemos vivido demasiadas centurias juntos, hemos participado en demasiadas empresas comunes –en demasiados desastres comunes también– para que volvamos a mezclar cartas (...). Catalanizar Cataluña no quiere decir, por tanto, restar algo de España. Quiere decir hacer la España grande, y hacerla digna de incorporarse, sin murmullos, reticencias o reservas, a una gran Europa».

El autor del «Diccionario de Filosofía», Josep Ferrater Mora, dejó para la posteridad la contundente sentencia que encabeza este artículo. Ferrater, autor entre otras muchas obras de «Las formas de la vida catalana», afirma que Cataluña, como crisol de razas y de culturas que ha sido, debe pensar en sus tres mundos de referencia: el hispánico, el europeo y el mediterráneo. Modernizó el concepto del seny y del trabajo bien hecho; es decir, el sentido común catalán, idea que expuso Jaume Balmes y de la que Carreras Artau y Eugeni d’Ors fueron sus mejores pregoneros. El seny definido como un modo de ser especial, una identidad colectiva, un carácter propio que prima la reflexión y el diálogo en contraposición de la rauxa o arrebato propio también en el ADN de algunos catalanes.

El filósofo nos anticipó que el virus moriría de inanición, metáfora para entender que el causante de la dolencia secesionista desaparecería cuando se ponga freno a su voracidad de poder y dinero, es decir, en el momento que los conseguidores del pútrido oasis catalán ya no dispongan a su libre albedrío de la hacienda de todos.

Jordi Pujol y su particular pandilla de secuaces («assaltataulells», en fino catalán) han protagonizado el saqueo de Cataluña en los últimos treinta años de forma inmisericorde. Han robado el alma de Cataluña, han sodomizado la identidad hispana a base de la perversión y manipulación de los sentimientos, han comprado los silencios y voluntades de una clase empresarial asustadiza y cobarde, han perseguido al disidente, han impuesto editoriales conjuntas y han promocionado amigos fieles para que conduzcan sus ambiciones desmedidas de control sobre nuestra sociedad.

El oasis, como metáfora de un espejismo que Pujol tejió desde sus visiones juveniles en el Tagamanent, queda en manos de una jauría ruidosa y descorbatada, que quiere imponer una hoja de ruta revolucionaria, bolivariana y separatista. Hoy, el virus catalán empieza a perder fuerza, pues su máximo promotor ha sido desenmascarado por el hedor del estanque pútrido. Caído el ídolo, quedan sus voceros.

Recuperemos el seny, como nos pedía Eugeni d’Ors. El seny como diálogo, como confrontación de ideas desde la razón y la intuición. Que el sentido común vuelva a la vera del Mediterráneo y que nunca más Cataluña se convierta en el vertedero de corrupción y separatismo que vierte sus sucias aguas en el oasis catalán.