El vuelo corto de Ciudadanos

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Dicen los de Ciudadanos que no les salen los números para intentar presidir el Gobierno de Cataluña. No importa que hayan sido la fuerza más votada. Se resignan, según parece, a que su celebrado triunfo, aparte de la satisfacción moral y el innegable valor simbólico, no sirva para nada. Volverán a encabezar la oposición, dejando el camino libre a las fuerzas separatistas para desilusión del millón y pico de ciudadanos que les han votado, pensando en la utilidad de su voto. Se resignarán a una victoria pírrica, una traca ruidosa, un fogonazo de entusiasmo pasajero. Esta cautelosa actitud del partido de Albert Rivera y de Inés Arrimadas, que ha sido marca de la casa tras los distintos comicios en España, renunciando siempre al arriesgado compromiso de gobernar, está siendo mal acogida por la opinión pública y empieza a recibir con razón fuertes críticas en los diversos medios de comunicación, que sospechan, en contra de la euforia del momento y sus afanes de expansión nacional, que este joven partido, que tanta esperanza ha suscitado, puede quedarse en un vuelo corto, casi gallinaceo.

Aunque no les salgan las cuentas, la gravedad del momento exige que la fuerza no nacionalista que, por primera vez, ha ganado las elecciones al Parlamento de Cataluña, comparezca ante el mismo y demuestre a todo el mundo que los nacionalistas no son los dueños de esta comunidad porque hay proyecto alternativo.

Las fuerzas no nacionalistas tendrían que perseguir, de entrada, con uñas y dientes la presidencia del Parlament, aunque fuera colocando allí a Doménech, el de los Comunes, si no hubiera más remedio, que sería en todo caso mucho más neutral que la Forcadell. Y, por supuesto, deberían presentar la candidatura a la presidencia de la Generalitat. Si no Arrimadas, Iceta. Lo de que no salen los números está por ver. El núcleo duro del secesionismo sigue huido o en la cárcel. Todos ellos están en manos del Tribunal Supremo acusados de gravísimos delitos. No es seguro que puedan asistir a las votaciones y mucho menos garantiza nadie que Junqueras o el fugado Puigdemont estén en condiciones de poder sentarse en el escaño y presentar siquiera su candidatura. Así que, salvo que el nutrido grupo encausado de diputados electos renuncien a sus actas y den paso a los siguientes en las listas, habrá que ver quién tiene más votos a la hora de la verdad. Es cierto que será una situación anómala, pero todo lo que está ocurriendo desde hace tiempo en Cataluña es extraño y cabreante. Cs prefiere ir sobre seguro y esperar a ver qué pasa, sin tener en cuenta que en política lo grave no es perder, sino quedar eliminado por incomparecencia.