Política

Especulaciones sin futuro

Parece que los que están empeñados en la desintegración de la Familia Real Española y, con ella de la propia institución de la Monarquía, no van a cejar en su empeño hasta que consigan que no quede títere con cabeza. Y para conseguir su objetivo no dudan en poner al borde de la ruptura el matrimonio de los Príncipes de Asturias a partir de un comentario,desmentido posteriormente por el Palacio de la Zarzuela, de que su relación atraviesa altibajos después de los casi diez años que llevan de casados. Ese comentario, en caso de que se hubiera producido, solo indicaría algo que es muy común en cualquier matrimonio que lleva ya diez años de vida en común, lo que ya en sí significa que han superado los obstáculos que surgen entre cualquier pareja normal a la hora de la convivencia.

Los Príncipes de Asturias, como cualquier hombre y mujer que se comprometen para compartir sus vidas, formar una familia y asumir las responsabilidades que esa decisión conlleva, seguro que han realizado a lo largo del decenio que llevan de vida en común los esfuerzos necesarios para que la convivencia fuera positiva y pacífica. Y eso significa que cada uno tiene que ceder cada día para conseguir una armonía que a veces puede atravesar baches. Pero esos baches o altibajos, más o menos profundos, no tienen que significar que la pareja haya hecho aguas y que la relación esté tan deteriorada que haga imposible seguir juntos.

La Princesa Letizia ha hecho grandes esfuerzos desde que dio el sí quiero al heredero de la Corona para adaptarse a su estatus de consorte del Príncipe de Asturias. No era una tarea fácil pero el amor que había entre ellos era una garantía de éxito. Esto es una verdad incuestionable que todo el que haya observado el comportamiento de la antigua periodista convertida en miembro de la realeza en el mes de Mayo de 2004, sabe que es cierta.

El que haya diferencias a veces entre la pareja no significa que se haya dado todo por perdido. Lo lógico es confiar en la solidez de sus sentimientos y en la madurez de dos personas adultas que son conscientes de la importancia de que ellos permanezcan unidos por encima de todo. Sabedores ambos que no se puede tirar la toalla a las primeras de cambio y menos cuando la estabilidad del matrimonio como pareja es fundamental no sólo para ellos como matrimonio sino también para la pervivencia de la institución a la que representan.

Desde hace un par de años, Doña Letizia parece haber dado por terminada su etapa de adaptación a la Coroña al llegar a la conclusión de que quizá es el momento de que sean los demás los que se adapten a ella tal y como es: la Princesa es fuerte de carácter, directa y muy sincera. Pero es sabido que el Príncipe de Asturias, como aseguraba hace un par de meses una persona muy próxima a él, es una persona componedora y flexible. Don Felipe siempre está dispuesto a facilitar las cosas cuando la situación lo exije. Y ahora, es más necesario que nunca.