Estropicio

Rubalcaba llegará a la reunión que va a tener lugar entre el 8 y el 10 de noviembre sin haber mejorado sustancialmente su intención de voto. Sigue en las marcas del desastre histórico de las pasadas elecciones generales. No ha capitalizado casi nada del desgaste de Rajoy. Es lógico con el perfil que tiene. Por la mañana llama al presidente del Gobierno para hablar del futuro de Cataluña y por la tarde anuncia que cuando su partido vuelva a La Moncloa revocará la reforma de las pensiones. Sabe que eso no es posible y que no lo hará. Lo sabe él y lo saben muchos votantes de izquierdas, que cuando responden a las encuestas acaban decantándose por Izquierda Unida. Frente al proyecto secesionista de Mas, Rubalcaba opta por una tercera vía, con reforma de la Constitución incluida, cosa que tampoco entienden otros votantes de izquierda. Estos otros optan por UPyD.

Desde hace meses los dirigentes socialistas insisten en que no es el momento de designar al candidato para las próximas elecciones y que ahora lo que toca es hablar de ideas. Pero esas ideas nunca llegan y en realidad sobre lo único sobre lo que se pronuncian es respecto a la fecha de las primarias. La obsesión por el poder y la falta de trabajo y paciencia para renovar el modelo espanta a casi todos los que no son incondicionales.

Tampoco en el sector crítico la cosa está más clara. En realidad no se sabe nada de lo que ofrece la gente que se ha ido aglutinando en torno a Carme Chacón. Sólo que quieren votar cuanto antes. La reaparición de la ex ministra de Defensa en Madrid la semana pasada no sirvió para mucho. Se presentó, por un lado, como la defensora de la unidad de España. Ella, que fue la estrella del Gobierno de Zapatero, el hombre que le dio al Parlament soberanía plena. Y, por otro, se hizo acompañar de Tomás Gómez. El líder de los socialistas madrileños representa en este momento una mala copia del radicalismo de extrema izquierda. Así las cosas, es difícil evitar el estropicio.