Gigantes y molinos

No son quijotes. Ni lo contrario. Pero ven gigantes donde ni siquiera hay molinos. Es lo que tiene el delirio, la alucinación, la exaltación de la nada, la convocatoria al suicidio. La llana aberración. Porque es aberrante que las plataformas anexas al amigo Artur Más sigan ensayando fechas, planes, estrategias, tácticas y los más rocambolescos experimentos operativos para provocar la partición de España en dos.

Esto no conduce a nada. A nada serio ni productivo ni de provecho para el interés general. Eso sí, este tipo de iniciativas o esbozos o cálculos que proceden de los mismos intransigentes de siempre llevan de manera recta a la pobreza espiritual y material.

La pobreza espiritual, porque este tipo de informes fomentan los contravalores de la crispación, la división, la cizaña, el odio, la intolerancia, la soberbia y la ira y la furia contra «el otro» (¡ay esas mentes obtusas y paleolíticas de los epígonos de Jordi Pujol!). La pobreza material, porque estas ocurrencias plasmadas en forma de presuntos sesudos estudios no abocan sino a la pérdida del dinero del contribuyente, castigado casi de por vida a pagar los costes del cortijo soberanista.

Llevamos demasiado tiempo diciendo aquello del «¡ya está bien!». Pero es la pura realidad. Se está perdiendo un tiempo y una energía de inconmensurable valor para salir de la crisis en disparar fuegos de artificio. De eso no tiene la culpa Rajoy. Ni Montoro. En Cataluña recae claramente la responsabilidad en los tarambanas y demás monaguillos del separatismo que, generosamente subvencionados, sueñan con estar en una isla. Estos pobres diablos o simples ignorantes desconocen que, precisamente las leyes y el sentido común, les van a separar del hoyo y de la ruina. Lo vemos.