Hay que buscar una salida

La Razón
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Por lo que dicen sus interlocutores, el Rey tampoco ve una salida diáfana a la formación del Gobierno. Ni Mariano Rajoy ni Pedro Sánchez parecen en condiciones de lograr la investidura. Rajoy, por el rechazo visceral de las izquierdas a su persona y a su partido, y Sánchez, por el rechazo radical dentro de su formación a juntarse con compañías peligrosas. En el primer caso, se parte de una extendida y flagrante falsificación de la realidad política: ni el PP, heredero en gran manera de la UCD, en el que conviven liberales, conservadores y democristianos, es la bestia parda que hay que rehuir y boicotear, ni es una amenaza para el Estado del Bienestar, sino todo lo contrario. Tampoco es heredero del franquismo, que feneció hace 40 años, ni representa la extrema derecha ni es más corrupto que su principal competidor. Tampoco que su líder sea autoritario e intransigente, como se le quiere pintar. Pero sus errores y la descomunal campaña de descrédito contra él pueden obligarle a quitarse de en medio una vez haya fracasado en el intento.

En el caso de Sánchez, que condujo al PSOE a su mayor derrota electoral, lo que preocupa es su débil liderazgo y su falta de escrúpulos para vender el alma al diablo –el alma socialista– con tal de llegar al poder. Se manifiesta más crispado e intransigente y mucho menos fiable que Rajoy. La acusación más elemental contra él salta a la vista: es un perdedor y si no es capaz de gobernar su partido, ¿cómo va a gobernar España? El sordo malestar y la preocupación en las filas socialistas, no sólo entre los barones regionales, crece. Es notable entre los históricos dirigentes, alguno de los cuales ni responde al teléfono si le llama Sánchez. El rechazo es manifiesto en las importantes agrupaciones de Madrid y Andalucía. No faltan los que insinúan que, a la hora de la investidura, si ocurriera con el apoyo de Podemos y los separatistas, no sólo no contaría con C’s sino que podría haber desbandada de votos socialistas.

Así que, descartados Rajoy y Sánchez, si no cambia el viento, el Rey tiene dos opciones: darse por vencido y dar curso a la repetición de las elecciones o maniobrar dentro de sus competencias constitucionales para encontrar una salida satisfactoria para la mayoría, que combine el mandado de las urnas –cambio y pacto– y las necesidades de unidad, desarrollo económico y lucha contra el terrorismo. Puede proponer a las Cortes una figura capaz de aglutinar voluntades y con la que colaboren los tres grandes partidos o, aunque parezca atrevido, encargar formar Gobierno al líder de C’s, capaz de aglutinar en un proyecto reformista a populares y socialistas. Rivera es hoy, según los sondeos, el político mejor valorado. Esta coalición en torno a él no debería descartarse de antemano.