Intriga y confusión

U n juego a demasiadas bandas. O una guerra con muchos bandos. La batalla que se está gestando para desatarse en cuestión de horas gana cada día que pasa en protagonistas. Y se hace compleja en los alineamientos, alianzas, filias y fobias. Porque suele ser la dinámica más frecuente en política en cónclaves como el que ahora encara el PSOE. Y porque este particular estilo de rendir homenaje a la democracia interna lleva la horma de los tataranietos de Pablo Iglesias.

Es asombroso cómo sin conocer programas de acción, fórmulas para la regeneración, estrategias para la recuperación del poder, el corral socialista esté instituyéndose ya para la pelea de gallos. El zarpazo por el zarpazo. Viejos rivales que suman fuerzas (abierta o soterradamente). Y al contrario: correligionarios que eran uña y carne y ahora preparan la gresca y el encono.

Como hoy revelan los números de LA RAZÓN, Susana Díaz es indiscutiblemente la favorita, y en otra tesitura sería elegida por aclamación y con toda la fanfarria pertinente. A nadie le pasa desapercibido que son mayoría los socialistas que entienden que la fuga de votos por la parte izquierda es colosal, desastrosa y hasta suicida; y que por eso se está reclamando desde la militancia un endurecimiento de las posiciones, para poner tierra de por medio respecto del Partido Popular y meter en el macuto de las próximas elecciones votos de partidos incluso hasta antisistema.

Sí. Rubalcaba debió retirarse con Zapatero. Sí. El partido hoy es un solar. No. En modo alguno es ésta la forma en la que una organización que representa a un tercio de los españoles debe mostrarse ante el conjunto de los ciudadanos.