Juego de sedes

España está preparada para organizar unos Juegos. También lo estaba para 2012 y 2016, lo que significa que estar preparado tiene una importancia relativa. En esto de que te elijan hay motivos que tienen que ver poco con la lógica y mucho con la política interna del COI, que se rige por parámetros que la razón no entiende. A España le vendría muy bien. A parte de los beneficios económicos, mostrar al mundo que nuestro poderío deportivo va más allá de exportar atletas, nos devolvería parte del prestigio perdido en los foros internacionales, y es posible que hasta la prima de riesgo se arrugara como camisa de popelín en manifa sindicalista.

La cuestión consiste en entusiasmar al pueblo soberano que, mucho me temo, está en otras guerras. Los bravos voluntarios que llenaron nuestras calles hace cinco años han envejecido prematuramente por culpa de la crisis y aquellas pulseras que lucimos con alegría cuando Gallardón encabezaba la cruzada acabaron convertidas en gomas para paraguas. El otro problema estaría en lo que queda por hacer: faltan el estadio olímpico, el centro acuático y la villa. El objetivo es que el 100% de la inversión sea privada, cosa que tal y como están las cosas, no parece tarea fácil. El reto está en demostrar que somos más altos, más rápidos, más fuertes y más solventes, que no es poco. Sobre lo que tengo dudas es sobre la iniciativa privada estará también para viajes pagados con sombrerito, corbata de serie y jamón para defender nuestra candidatura en Buenos Aires. Si los bancos se estiran y Corinna no interviene, quizá hasta tengamos una oportunidad.