Política

Manuel Coma

Kiev, invadida y atada por Putin

Kiev, invadida y atada por Putin
Kiev, invadida y atada por Putinlarazon

Putin es hobbesiano. Llegará hasta donde le dejen. Si puede destruir el orden internacional creado después del 45 y reforzado tras la guerra fría, y recuperar las repúblicas soviéticas independizadas, mejor que mejor. Pero eso no es más que un sueño. En cada momento ajustará la siguiente jugada a la última realidad. Lo que ahora tiene entre manos, y por bastante tiempo, es Ucrania, lo que venga después dependerá de las circunstancias futuras, empezando por cómo le vaya en la empresa actual. Ese «cómo» se mide en rentabilidad para su política interior, su régimen, él mismo. Los datos básicos son que no está dispuesto a perder la cara, pero que mientras un 90% de los rusos aprobaron la anexión de Crimea, sólo un 13% desean lo mismo respecto al este de Ucrania. Su objetivo mínimo y probablemente máximo es separarla de Occidente, en Defensa, Economía y Política, minimizando lo que pueda suponer de carga para Moscú y maximizando los costes que Europa y Estados Unidos han de asumir para impedírselo. Quiere mantenerla atada a Rusia, pero con una cuerda larga, asumiendo su propio desastre, el cual no deja de crecer bajo las presiones a las que él somete al país desgajado de la matriz rusa. Con ello consigue su otro gran objetivo, que en el país vecino no triunfe la democracia y la prosperidad a la occidental, ejemplos subversivos para sus súbditos. Además, ese desastre, a su vez, actúa como freno para Bruselas y Berlín, asustadas por el costo que se les vendría encima.

A Washington lo que le preocupa son las posibles implicaciones militares, que Europa ni se plantea. Obama se siente incómodo con el estatus de híperpotencia y tiende a confundir paz con pacifismo. Desde el principio de la crisis no se ha cansado de decir, alto y claro, que haga lo que haga Rusia no habrá respuesta militar. Una deslumbrante luz verde para el Kremlin. En sanciones económicas ha ido arrastrando a los europeos, porque le salen más baratas. Han ido creciendo desde niveles mínimos, dirigidas, al principio, exclusivamente contra individuos clave del entorno del presidente. Si Putin sigue adelante porque todavía no se le da lo que busca, la siguiente ronda tendrá ya que hincar bastante a fondo el diente en la economía, lo que resulta problemático porque afecta de rebote a los europeos, sobre todo a los alemanes. Inciden tanto los efectos secundarios como las réplicas de los rusos, por las que ellos mismos tendrán también que pagar un precio. Todo doloroso en un ambiente de crisis del que no se acaba de levantar cabeza.

Aunque lo económico cuente, la razón por la que «OTAN y EE UU evitan hablar de invasión», según titulares americanos, es más profunda. Occidente juzga a Putin sobre la base de que se ha quedado fuera de su época, es decir, del mundo actual. El dirigente ruso debe pensar que él es quien tiene las raíces bien asentadas en las duras realidades de esta tierra y los que se han salido del planeta son los que le sermonean, proporcionándole la enorme ventaja de que ni siquiera se atreven a llamar las cosas por su nombre. Mal pueden arreglarse los problemas que se quiere ignorar.