La irritabilidad del verano

La Razón
La RazónLa Razón

Estudios científicos, como el publicado hace algunos años por la Universidad de Barcelona, en la prestigiosa revista Psychiatric Services, demuestran que el calor influye en la conducta humana. Parece ser que incrementa la irritabilidad e incita a una conducta más agresiva. De la misma manera, es conocido que en la época del año de mayor luminosidad empeoran los cuadros eufóricos y maníacos. Esto tiene su reflejo en las estadísticas y en las portadas de los periódicos.

Estamos sufriendo uno de los veranos más calurosos, que hay que sumar a las más de cien olas de calor soportadas durante los últimos 50 años. Y añadido a esto, la política en nuestro país se ha propuesto contribuir a amplificar sus efectos sobre la conducta de los españoles.

Todo apunta a que la fecha elegida para el debate de investidura es el 23 de agosto, que parece más bien pensada para una nueva repetición de elecciones que para la formación de un nuevo gobierno.

Quizá no sean conscientes los dirigentes de los partidos más importantes del hartazgo que se ha producido en la sociedad y de las consecuencias de una nueva convocatoria. En su momento se pidió a los españoles que volviesen a pronunciarse sobre sus preferencias porque los comicios del 20-D no permitían interpretar de manera inequívoca la voluntad de la soberanía popular. Se celebraron las elecciones de junio, que expresaron con mayor claridad la decisión de los votantes.

Ahora empieza a apuntarse una nueva consulta electoral o un nuevo intento socialista. Esto último es descartable por absurdo y porque sería la autodestrucción del PSOE.

El instinto de supervivencia personal, sumado a algunos errores colectivos, está generando incertidumbre y, con ella, un mayor deterioro de las instituciones políticas que será difícil superar en el futuro.

A veces una decisión equivocada alcanza consecuencias insospechadas para los que la toman en ese momento.

En el año 2014, cuando todo apuntaba a que la Sra. Susana Díaz era la persona más adecuada para reconducir la senda de derrotas del PSOE, algunos empujaron al Sr. Eduardo Madina a equivocarse, al tiempo que otros, entre los que me encuentro yo mismo, respondimos a ese error con otro aún mayor. De esta manera ni la Sra. Díaz ni el Sr. Madina protagonizaron las contiendas electorales más difíciles que haya tenido el Partido Socialista.

Pero el alcance del error es aún mayor. Si los socialistas hubiesen resuelto de manera diferente su Congreso del año 2014, el Partido Popular se hubiese visto obligado a practicar una cirugía más agresiva internamente y a realizar cambios, empezando por el de su candidato a la presidencia del Gobierno. Es decir, competir con la Sra. Díaz habría hecho incompatible la permanencia del Sr. Mariano Rajoy.

Se ha hablado mucho de que el nuevo escenario electoral con dos partidos antes inexistentes hace diferente la acción política respecto a como era antes. Sin embargo, quienes argumentan eso siempre olvidan mencionar que en el año 2014 Podemos obtuvo menos del 8% de los votos y Ciudadanos poco más del 3%. Es decir, que han crecido en 24 meses por los errores cometidos por los grandes partidos antes y sobre todo después del año 2014.

Las nuevas formaciones han demostrado en poco tiempo que no aportan nada diferente a la política, pero que han heredado lo peor de los vicios de la política tradicional.

El resultado final ha sido la fragmentación electoral, que dificulta la estabilidad gubernamental y también la parlamentaria. En tan sólo unos meses, hemos percibido una ambición desmedida de poder mezclada con altas dosis de insolvencia e improvisación, al tiempo que la desilusión cala en modo alta velocidad entre sus votantes.

Lamentarse de los errores es un camino directo hacia la melancolía si no se incorpora al acervo de la experiencia para no volver a cometerlos. Peor error sería una nueva convocatoria de elecciones con los mismos candidatos.

Han tenido dos oportunidades para demostrar el apoyo electoral que pueden conseguir y lo que pueden aportar al país. No entra en ninguna lógica social, política ni económica, otorgarles una tercera oportunidad a los mismos que sólo han cosechado el fracaso en sus formaciones políticas, pero sobre todo ante el Estado español.

De aquí al próximo 23 de agosto debería clarificarse la situación institucional. A nadie le conviene abusar de la paciencia de los españoles en medio de una ola de calor. Después del 23, el PSOE deberá superar todos sus errores, porque también será una forma de que los dejen atrás los demás.