La misma historia

La Razón
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La misma historia de siempre. Chica conoce a chico y cree haber encontrado al amor de su vida. Mari Ángeles le encontró en un foro de internet y planearon casarse. Raquel le conoció en el metro, camino de la universidad. Las dos se convirtieron al islam, las dos cambiaron su vestimenta, las dos desaparecieron bajo una tela ruda de color negro que llaman niqab, antesala del burka. Eso tampoco cambia. A María Ángeles Cala la detuvieron en el aeropuerto, de camino a Siria. A Raquel Burgos todavía la buscan los servicios secretos de todo el mundo.

Cambian los nombres de la víctima y del verdugo, pero no la intención, ni la estrategia de incitación, y el resultado es el mismo: el engaño, el lavado de cerebro, la captación a través de los tentáculos de la sinrazón. Antes Al Qaeda las denominaba fábricas de terroristas, en alusión al fruto de su vientre, ahora el IS las llama repobladoras de la yihad. El reino de la semántica no conoce límites. Lo anunció hace 30 años el presidente de Argelia, Houari Boumedienne, en Naciones Unidas: «Será el vientre de las mujeres musulmanas el que nos dé la victoria». Algunos lo entendieron como una amenaza y la mayoría ni lo procesaron porque entonces era un realidad lejana, que jamás cruzaría las fronteras. Y ya están aquí. Llevan décadas confeccionando la conquista silenciosa del Al Andalus y del occidental.

Lo que nadie cuenta de la historia, porque no regresan para poder hacerlo, es el arrepentimiento de estas jóvenes cuando llegan al paraíso y descubren que la bonita historia de amor, justicia divina y construcción del sueño islámico detallado por su amado es una farsa construida milimétricamente por el terrorismo islámico. Y entonces ya es tarde, tan tarde que ni siquiera la noción del tiempo aparece en su realidad más inmediata. El futuro siempre parece lejos hasta que desaparece para convertirse en un presente que está a punto de devolvernos al pasado. Ése es el fin de la historia.