La partida

La Razón
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En momentos de graves crisis nacionales, como ésta de Cataluña, hay que saber de parte de quién se está en la mesa. El hecho de que este grave desafío de los secesionistas suceda con las Cortes disueltas y las urnas a la vista complica las cosas. Los partidos de la oposición, que aspiran legítimamente a alcanzar el poder el 20-D, se ven moralmente obligados a ponerse incondicionalmente, en este grave asunto, de parte del presidente constitucional y de la defensa de la legalidad, aun sabiendo que, si gana esta partida, el líder popular tendrá ventaja en las próximas elecciones. Eso trastoca los planes, sobre todo de los socialistas y sus servidores mediáticos, cuya consigna era dar caña a Rajoy viniera o no a cuento, y mantener una cierta equidistancia con Artur Mas y sus secuaces a la hora de las críticas. Por un lado no queda más remedio que arrimar el hombro, que es lo que exige el pueblo, para salir entre todos del atolladero, y por otro, eso favorece al gran adversario político en los comicios nacionales, tan vituperado hasta ahora. Pero el que juegue con dos barajas será desahuciado por tramposo. Eso le empieza a pasar a Podemos, partido del que no se fían ya ni unos ni otros. Después de tantas miserias políticas, llega la hora de la grandeza y la responsabilidad. La unión de las fuerzas constitucionales es el primer paso.

Sin pretenderlo, los secesionistas han dado a Rajoy una valiosa baza para mantenerse en el poder. Sobre todo, si no le tiembla el pulso, como ha prometido, ante este desafío. El caso es que no puede quedarse corto ni pasarse. Un golpe de efecto le reconciliaría con los suyos, pero una acción desproporcionada y no suficientemente meditada facilitaría la labor de los separatistas . En esta decisiva partida hay que procurar, por supuesto, no dar pistas al adversario sobre las actuaciones previstas y las bazas de que se dispone, como le piden algunos medios irresponsables. Es, por lo demás, obligado que el presidente del Gobierno comparta en este trance las decisiones, el éxito o el fracaso, con los líderes de la oposición constitucional. Esta partida, aunque se disponga de las mejores bazas –la Ley, la razón, la Historia, Europa, la ONU, el poder del dinero, la fuerza legítima, la opinión general...– no puede darse por ganada hasta que no termine.