La utopía soy yo

En su entrevista publicada en LA RAZÓN el pasado domingo, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente del PP andaluz, daba un dato sorprendente. En los dos años que lleva al frente de la Junta, el Gobierno andaluz de socialistas e Izquierda Unida ha presentado ocho proyectos de ley. Doce, en cambio, son los recursos que ha presentado ante el Tribunal Constitucional, más uno ante el Tribunal Supremo. Queda clara la forma en la que el Gobierno PSOE-IU se ve a sí mismo: como la resistencia ante los populares que gobiernan en Madrid.

Para Susana Díaz y su Gobierno lo fundamental parece ser, en consecuencia, ejercer la oposición y escenificar una actitud que permita demostrar que el corazón sigue estando en la izquierda y que el PSOE, en particular el de Andalucía, no va a dejar que IU se haga con los atribulados espíritus huérfanos de progresismo. Así que Susana Díaz no compite tanto con el PP como con Izquierda Unida, que es donde, calcula el PSOE andaluz, están los votos que le corresponden. Por decirlo de otro modo: la Utopía, soy yo.

Aunque fue un gesto sorprendente, Moreno Bonilla hizo bien en ofrecer su apoyo para que el Gobierno de la Junta tuviera capacidad de maniobra frente a la izquierda radical. Demostró que existe otra política, y también otra forma de hacer política, que no implica exclusión ni dogmatismos sectarios, sino voluntad de colaborar y ganas de sacar Andalucía adelante.

Andalucía entera se ha convertido en una muestra de las consecuencias de hacer la política contraria. La Junta lo proclama como si fuera un gran éxito, pero lo que eso demuestra es hasta qué punto los socialistas son conscientes de que están manteniendo Andalucía como rehén de una actitud que se define más que nada por oposición a la «derecha», sin más.

La decisión de la presidenta de la Junta de acabar con algunas de las prácticas caciquiles en su Gobierno pareció en un momento valiente, porque dio la sensación de que estaba dispuesta a romper con la demagogia. De haber sabido utilizar la oferta de Moreno Bonilla, que asumía por su parte un papel arriesgado, Susana Díaz habría mostrado una talla auténticamente nacional. Por desgracia, ha elegido el camino más fácil y el más perjudicial para todos, en particular para los andaluces. También ha demostrado una vez más que en el PSOE no hay demasiada voluntad de construir una alternativa realista, seria, y sí, en cambio, de seguir en la trinchera de la resistencia ideológica y propagandística.