Las cuentas claras

La Razón
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¿Qué esperaba el Gobierno catalán? ¿seguir haciendo de su capa un sayo a costa del dinero de todos los españoles? ¿continuar abriendo embajadas, financiar a las organizaciones separatistas, campañas contra todo lo que huela a España y demás zarandajas que nada tienen que ver con el desarrollo de aquella autonomía? ¿no pagar las facturas de los proveedores hasta provocar la crisis en las empresas, en las farmacias y centros de dependientes...? Pues no. Llegó el momento del ya clásico «se acabó la fiesta», de que cumplan las normas como todos.

De ahí que esté justificado el anuncio hecho ayer por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría de que los recursos procedentes del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) sobrante de 2015 están condicionados, en el caso de Cataluña, a que se empleen al pago de proveedores y farmacias, de forma que quede garantizada la prestación de determinados servicios públicos. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, podrá ser el más odiado del Ejecutivo, empezando por mí, pero es el que mejor sabe implantar la necesaria y justa política económica.

Mas y sus cuates de diván están obligados a tener en cuenta el desprestigio al que han conducido las cuentas de Cataluña hasta originar que las agencias calificadoras hayan rebajado a la categoría de bono basura a su deuda por el incumplimiento de obligaciones de información, de los impagos a proveedores y farmacias y, en particular, a «la indebida contabilización» que ha supuesto un déficit adicional de 1.300 millones de euros.

Mientras, los irresponsables del Govern destinan millones y millones de euros a los referéndums ilegales, a las tramposas elecciones plebiscitarias y a los medios de comunicación bajo su control. Así es la vida.