Las otras corrupciones

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La corrupción política, sobre todo si afecta al Partido Popular, merece la mayor atención, una atención desaforada y entusiasta, de determinados medios de comunicación. Se suceden las filtraciones interesadas, se mezclan hechos graves y comprobados con sospechas, corruptelas y suposiciones, se quebranta sistemáticamente el secreto de sumario, se dicta sentencia antes de empezar el juicio, se echa en saco roto la presunción de inocencia, se confunde el culo con las témporas... Todo vale para forzar, animados y bien instruidos por los partidos de la oposición, una causa general contra el partido gobernante, al que se presenta corrompido, aislado, acorralado y sin remedio. En esta ceremonia de confusión colaboran algunos policías, jueces y fiscales «progresistas», que se ocupan de las filtraciones y de airear, sin pruebas fehacientes, las interferencias del Gobierno en su sagrada independencia. En realidad, en no pocos casos, lo que quebranta esa imagen de independencia es el conocido activismo ideológico de algunos policías, jueces y fiscales. No deja de ser sospechoso que Podemos haya intentado –sin éxito, todo hay que decirlo– contar para su moción de censura al Gobierno con la Unión Progresista de Fiscales.

Lo que digo es que hay una saturación abusiva de la información y el chismorreo anecdótico sobre corrupción en España. Falta discernimiento, ponderación, equilibrio. No se tiene en cuenta, por ejemplo, que nunca, en toda la historia de la democracia y seguramente en toda la historia de España, se ha emprendido aquí una operación de limpieza pública tan seria e importante como la llevada a cabo bajo el actual Gobierno. A la fuerza ahorcan, dirá alguno. Bueno, pero es así. Eso no quiere decir que haya que quitar gravedad a los numerosos casos de corrupción descubiertos entre los círculos calientes del partido gobernante. Al contrario. Queda tarea por delante, no hay que ceder un palmo ante la corrupción, verdadera lacra del sistema; pero me temo que el excesivo ruido mediático, acompasado a los intereses políticos de los partidos de la oposición, sobre todo los más radicales o atolondrados, no ayuda a la Justicia ni favorece, por supuesto, la iniciada recuperación de España ni su creciente peso en Europa. La gente no es tonta y huele a la legua esas otras corrupciones. De hecho, según el sondeo de NC Report publicado ayer en este periódico –en contraste con la «progre» Metroscopia– entre el electorado de Madrid, el último escándalo no sólo no hunde al PP, sino que, a pesar de ello, los populares mejoran posiciones. ¡Vaya usted a saber! Creo que el personal está harto de confrontación política y agradecería un descanso del pensamiento dialéctico.