Libre del estigma Rubalcaba

«Me voy a Afganistán». En un restaurante cercano al museo de El Prado, tres comensales escuchaban atónitos las palabras de la recién nombrada ministra de Defensa. De poco valieron los argumentos que ponían objecciones a su decisión. Estaba decidida a pesar de su avanzado estado de gestación. Evidentemente, visitó las tropas. Así es Carme Chacón. Trabajadora, decidida, entusiasta y dinámica.

Ahora renuncia a su escaño. Una decisión que le honra en un momento en el que la política está desprestigiada. Ella no será parte de la legión que se aferra a su cargo como clavo ardiendo. Algunos se mofan de su decisión. Se preguntan qué enseñará. Chacón es licenciada en Derecho. Durante 10 años (1994-2004) fue profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Gerona, postgrado en Toronto. Kingston y Montreal y doctorado en la Autónoma de Barcelona. La ignorancia hace atrevidos y deslenguados.

No está dispuesta a calentar banquillo con dinero público. Rubalcaba la había condenado al ostracismo desde el congreso de Sevilla. No tenía ningún papel en el grupo parlamentario. De hecho, no ha podido hacer ni una sola pregunta al Gobierno, ni una interpelación. Tampoco lE han dejado participar en las ponencias de la conferencia política de noviembre. La hasta ayer diputada por Barcelona, la única que resistió la apisonadora popular en 2011 y ganó las elecciones en su provincia –junto a Alfonso Guerra en Sevilla– siempre se ha caracterizado por decir lo que piensa. Rubalcaba y Navarro lo saben muy bien. La han padecido en carne propia. Les llamó por teléfono para explicarles sus planes. Rubalcaba estuvo formal. Navarro lo sintió mucho. Seguramente de forma sincera. El PSC no está en su mejor momento y Carme sigue siendo una de las políticas mejor valoradas en Cataluña y su ascendencia en la militancia y en el electorado socialista catalán es incuestionable. Su marcha no es una buena noticia para Navarro. Ni para el PSC. Tambien habló con el presidente del PSOE. La conversación con José Antonio Griñán fue diferente. Les une una intensa relación política. De cómo debe ser el futuro del PSOE. De cómo se debe estar en política y de cómo no se debe estar. En los últimos días, en los prolegómenos de la renuncia de Griñán a la presidencia de la Junta, la relación fue más intensa si cabe. Pero, sobre todo, a Chacón y a Griñán les une una profunda relación de amistad sustentada en la franqueza y en una forma de ver la vida. La personal y la política.

Chacón llegó a la primera línea en la década de los 90. La conocí en el Parque de Can Vidalet, en su pequeña y querida Esplugas. Con un sol de justicia, se subió al escenario compartiendo cartel con José Montilla y con el trabajador de Enher –hoy Endesa– Lorenzo Palacín, a la sazón su alcalde. Subió nerviosa, como ayer en la rueda de prensa, pero eso duró poco. Se sacudió los nervios y con soltura reclamó ser lo que es. Hija del Baix Llobregat. La comarca industrial barcelonesa que fue tierra de acogida de miles de emigrantes que llegaban desde todos los puntos de España. Los mismos que lideraron la lucha por la democracia. Los mismos que hicieron posible que Cataluña se convirtiera en un crisol de culturas. Todo sumaba y nada restaba. Por eso, se rebela contra el pensamiento único del nacionalismo que quiere renegar de una parte de la historia de Catalunya. Apuesta por la convivencia. Reniega de la confrontación.

Deja el escaño pero no la política. Siempre ha sido disciplinada pero no sumisa. No se caracteriza, precisamente, por bailarle el agua a nadie. Jamás ha dicho una palabra de sus disidencias en el gobierno de Zapatero y nunca, eso hubiera sido lo más fácil, lo ha negado en público. Es discreta pero no está dispuesta a vivir del cuento. Quiere ser libre para seguir defendiendo su proyecto de renovación política y generacional, sin ataduras. Lo hará cuando toque. Hasta ahora vivía con un estigma tramposo. «Si hablaba, era una desleal. Si callaba, es porque no tenía nada que decir».

Desde Miami, y a su vuelta, podrá decir lo que piensa sin prejuicios ni apriorismos. Seguirá haciendo política porque es su pasión. En Miami echará de menos el jamón de los bares cercanos a Ferraz, que degustaba a última hora de la noche cuando abandonaba su despacho de responsable de Educación de la ejecutiva socialista, y tenía de asesor a Rubalcaba. En la capital de Florida sí podrá dar cuenta de una de sus aficiones culinarias, la comida japonesa.

Carme Chacón se va de la primera línea y vuelve a la docencia. Para hacer política no es necesario vivir el día de la marmota. Prometió abrir puertas y ventanas en el PSOE para que entrara aire fresco y se ha aplicado el cuento. No estamos acostumbrados y sorprende su decisión. Algunos elucubrarán y elaborarán teorías de la conspiración. Pero todo es más sencillo. Quiere hacer política sin cortapisas. Después de conocer su renuncia un destacado dirigente de este país se lamentaba diciéndome «cada vez somos menos». A lo mejor es que Carme Chacón no quiere tener «Hormigas en la boca», título del libro del novelista, Miguel Barroso, su marido. Ha dado, al margen de cercanías políticas o no, un gran ejemplo. Por eso, no será de extrañar que para muchos siempre nos quedará Chacón.