«Lo peorcito»

Nos queda en la retina el impresionante encuentro del inolvidable Juan Pablo II con Alí Agca. Y por la prisión pasaron también Juan XXIII, Pablo VI y Benedicto XVI. Así que la novedad no es un Papa en un penal, sino el cambio de los oficios de Jueves Santo, tradicionalmente celebrados en San Juan de Letrán, a la humilde capilla de un reformatorio. Francisco ha elegido lavar los pies de los pobres de entre los pobres, presos inmigrantes en su mayoría e incluso alguna chica. ¿Qué quiere decirnos?

He buceado en sus textos, recientemente compilados para Libroslibres por Armando Rubén Puente, y me he topado con una explicación conmovedora. «Uno puede tomar una actitud selectiva frente a la vida que se nos acerca –escribió–, como la tenían los publicanos, que murmuraban contra Jesús porque comía con los pecadores. Pero Jesús recibía la vida como venía, no con envase de lujo. "La vida es ésta y yo la recibo", decía. Los penaltis tienes que atajarlos donde te los tiran. No puedes elegir dónde te los van a patear. La vida viene así y así la tienes que recibir, aunque no te guste. Así eran los amigos de Jesús, lo peorcito. Dejaba que cada hombre y cada mujer protagonizara su vida y los acompañaba con cariño, con ternura».

Para el Papa está claro que hay algo grande en los pies que tocó ayer. Un misterio que quiere abrazar. Y continúa: «Los hay que dicen ''Yo soy puro, yo estuve siempre en la Iglesia, soy de la Acción Católica, de Cáritas o de la catequesis... te doy gracias, Señor, porque no soy como esta gentuza''. Pero Jesús dijo que iba a haber mucha fiesta por cada uno de estos que ustedes dejan de lado y que se acerca y vuelve a la casa». Ayer, lejos de nuestros ojos, tuvo lugar una fiesta. Es claro por qué salió el Papa de Letrán. A buscar a lo «peorcito» para hacer una fiesta... como el padre del hijo pródigo.