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Los cruasanes de Iceta

Dios no escuchó a Iceta y poco podrá hacer Pedro Sánchez para satisfacer sus plegarias. En el caso del Altísimo, quizá porque el catalán optó por el «líbranos», en lugar del tradicional «libéranos» que recitábamos de niños.

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En el del secretario general y una vez hecho el recuento del 25-S y vista la actitud por los genios de Ferraz, porque de lo único que parece en condiciones de librarnos es del PSOE.

La de este fin de semana, en Galicia y País Vasco, es la sexta derrota consecutiva de los socialistas desde que Sánchez se aupó al poder en julio de 2014 y la confirmación de una tendencia: el PSOE, refundado por Felipe González hace 41 años, cumple ciclo y se acerca a la irrelevancia.

Es grave para España, que desde la muerte de Francisco Franco y con el sarpullido de los nacionalistas que nunca respetan el pacto constitucional, ha basado su estabilidad en la alternancia del centroizquierda y el centroderecha, pero la debacle está servida.

El germen del mal fue plantado por Rodríguez Zapatero, que destapó el tarro de los rencores e inició la enajenación de la menguante militancia socialista, pero la desgracia del PSOE ha sido tener al frente, en un momento tan crítico y complicado, a alguien que sólo piensa en su interés personal y que está rodeado por una cuadrilla de arribistas.

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El tercer puesto en Galicia y el cuarto en el País Vasco pulveriza el único argumento de peso que podía esgrimir Pedro Sánchez para seguir empecinado en el «no» a Mariano Rajoy y asumir el riesgo de unas terceras elecciones: que el 26-J había logrado frenar el «sorpasso» de Podemos.

Los datos parecen indicar que los 85 escaños socialistas de junio sólo fueron una pausa en la «pasokización» del PSOE.

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Los barones territoriales, que se reúnen a finales de esta semana, tendrían que tomar nota, incluido el dicharachero Miquel Iceta, a quien recomendamos que cambie de proveedor de cruasanes.

Vista su última actuación, es evidente que le sientan fatal.