Los papeles de Podemos

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En nuestra Transición se dio un vacío legal en que partidos y sindicatos carecían de sedes, estructuras reticulares, dinero sobre todo, y también expertos en organización, campañas, técnicas electorales y mercadotecnia. Nadie se alarmó porque los socialismos alemán y francés financiaran al PSOE o que Fraga se sirviera de marcos de los bávaros. Hasta Gadaffi nutrió a Tierno Galván y al breve Partido Socialista andaluz de Rojas Marcos. Se rumoreó (el rumor no es noticia) que Caucescu fue dadivoso con Carrillo aunque le regaló un monstruoso «Buick» blindado que reventó en llamas subiendo el Puerto del Escudo. Más que altruismo fue la necesidad europea de que España no descarrilara y fraguara una democracia homologable. Aunque al sistema le quieren enterrar por vetusto, nuestra organización política es muy joven y aún se resiente de sus inevitables y extravagantes formas de financiación. El PSOE ha sido el único en ser condenado en sentencia firme por financiación ilegal, y ahora están entre Scilla y Caríbdis, entre la Policía y los Jueces de instrucción, por sumas mareantes, el socialismo andaluz y su sindicato y Convergencia Democrática de Cataluña. El tumor está metastizado. Si algo rescatable creíamos ver en Podemos era un presunto desapego del dinero pero ya son demasiadas las explicaciones exiguas sobre su arcas, desde la tronante «La Tuerca» con señal iraní hasta los documentos de «ABC». Pablo Iglesias no parece politólogo porque recurre a la manida «intencionalidad política» que es argumento más gastado que los cascos del caballo de Atila. Lo más deprimente es que estos salvapatrias se hayan podido convertir en mamporreros de Hugo Chávez y correveidiles de la teocracia iraní. Ya puede Sánchez pedir el aguamanil como Pilatos. Aunque alardean de transparencia económica ni un solo periodista imparcial ha podido acercarse a la inextricable contabilidad de Podemos plagada de manglares. Sus desmentidos son erráticos y diagonales y ni los euros percibidos por Monedero de sus alumnos bolivaristas a quienes alimentaba con mayor represión han tenido claridad. Iglesias es mucho más viejo de lo que aparenta y podría pasar por la momia de Lenin con cirugía plástica. Napoleón Bonaparte secuestró y fusiló al realista duque de Enghien, y Fouché advirtió: «Sire; es peor que un crimen, es un error». Los papeles de Podemos pueden ser peor que un delito: un inevitable fin de raza.