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Madrid, el tenis y don Manuel

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Ha comenzado a disputarse el Mutua Madrid Open de tenis. Hombres y mujeres. En muy pocos años, uno de los torneos más queridos y soñados por los grandes tenistas. No me gusta hurgar en heridas abiertas, pero el que fuera el torneo internacional de tenis más importante de España, el Conde de Godó, se ha convertido en un segundón.

Exceptuando a una Serena Williams lesionada, en Madrid están todos los que son. Federer, Djokovic, Murray y nuestro inconmensurable Nadal. Y en el torneo femenino, Garbiñe, Carla, Kvitova, Kerber, Azarenka, Halep, y nuestras promesas Sorribes, Badosa y Arruabarrena. Detrás de estos nombres hay mucho trabajo bien realizado, y un director del torneo que es el fundamental culpable del éxito del tenis en Madrid. Don Manuel Santana.

Don Manuel le disputó y le ganó una final del Conde de Godó a Rod Laver. El tenis en España era Barcelona y su Real Club en los predios de Pedralbes. El conde de Godó, padre del actual titular, se engrandecía en la pista central cuando entregaba el inmenso trofeo. Comentaba las incidencias de los partidos el inolvidable Juan José Castillo -¡entró, entró!-, y don Manuel Santana era el único tenista que no era catalán. Tampoco Couder, que allí se había establecido. Gimeno, Gisbert, Orantes y los Arilla representaban a España y a la dorada Ciudad Condal.

Cuando Santana triunfó en Wimbledon enfrentándose en la final a Ralston, el tenis era mucho más cruel. No había sillas para los jugadores. Cambiaban de campo y descansaban un minuto sin sentarse, agarrados a la silla del juez-árbitro. Manolo Santana disputó aquella final esplendorosa con el escudo del Real Madrid. Fue abucheado – yo estaba allí con mis hermanos-, en el Tenis Barcelona por aquella manifestación de madridismo cuando se disputó la eliminatoria España-Yugoslavia de la Copa Davis. Santana venció a Pilic y Jovanovic de forma magistral, y volvieron a aplaudirlo. Pero nadie se imaginaba que un día Madrid sobrevolaría a Barcelona en el tenis español. Ahora, Nadal aparte, están Ferrer, Feliciano, Verdasco y otros tenistas mucho más identificados con la ciudad de Madrid que con Barcelona. Y entre las mujeres, las maravillosas Garbiñe Muguruza y Carla Suárez. Barcelona mantiene su condición de gran escuela, pero la ilusión está en Madrid. Y el prestigio.

La larga semana mágica del tenis español ha comenzado. El torneo madrileño es un «Masters 1000», y no se descarta que en el futuro se convierta en el quinto «Grand Slam». Público variopinto y entendido, pijete en los palcos y entregado en las tribunas. Mi sueño es una final Djokovic-Nadal y la victoria de Rafa. Y la otra final, Garbiñe-Carla, y que gane la mejor. Los participantes son los mismos que en Wimbledon, Rolland Garros, Melbourne o Nueva York. No me gusta hurgar en heridas abiertas, pero la grandeza y prestigio de este torneo se sostiene por la internacionalidad abierta de Madrid, aquella que tuvo Barcelona en sus años de esplendor antes de elegir democráticamente su integración en la aldea. La Mutua Madrileña, Ion Tiriac y don Manuel Santana lo han conseguido.

El Godó, séame permitida la licencia, se mantiene gracias a la presencia leal y permanente de Rafael Nadal. Sin su participación, el Godó es más plata de trofeo que virtuosismo o fuerza de raqueta. Y mi texto de hoy no tiene otro objetivo que animar a Barcelona a trabajar para equipararse a Madrid en un deporte en el que Barcelona fue el ejemplo y el orgullo de España. La Mutua Madrileña, Tiriac y don Manuel estarían dispuestos a aportar su grano de arena para que España tuviera dos «Masters 1000» y Barcelona bloqueara su descenso en el mundo del tenis.

Madrid se sale. Y para colmo de bienes, los munícipes de Podemos han rechazado ocupar el palco que les corresponde. No puede empezar mejor la semana mágica del tenis español.