Más leña al fuego

La Razón
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El energúmeno se reproduce sin efecto retardado. A la que salta una chispa se enciende como el faro de Alejandría para ilustrarnos a todos. Tanta sabiduría no puede guardarla para sí mismo. Ha de compartirla, elaborar una teoría que sea saludada por la comunidad científica de orangutanes. Se cree un replicante rebelde. Una nueva raza que supera a los que somos pobres mortales y apenas sabemos caer de una placenta, como un ternero para sus dientes. Los fuegos, al parecer intencionados, en Galicia han dado a este espécimen otra coartada para politizar un drama. Veíamos por televisión y en grabaciones caseras cómo los vecinos de Vigo se transformaban en una cadena humana que se iba pasando cubos de agua para sofocar unas llamas. Un ejemplo de solidaridad y valor ante una tragedia perfecta.

Mientras tanto, en su realidad paralela, y en vez de animar a los damnificados o arrimar el hombro, los políticos del cuanto peor, mejor; los populistas sin vergüenza, se frotaban las manos y soltaban la lengua en busca de otro «Nunca máis». Que al menos cuatro personas hayan perdido la vida no frena las ansias de revancha sazonadas con ese humor que maldita la gracia. Uno puede ser gracioso pero no un payaso con ínfulas socráticas, un ser desdichado que muere en sus propios chistes, un algoritmo escacharrado, patético como el escaso chaparrón que apenas sí libró a Galicia de una tumba de cenizas. Entre estos padres de la patria estaban el jefe de Podemos en Cataluña, Dante Fachin, y Pablo Echenique, el del asistente sin declarar, el hombre que un día pidió perdón en diferido y que continúa dando clases de moral y de justicia, como si todos ustedes fueran pecadores capitalistas nacidos para ser malvados por no pensar como él. El infierno estaba en Vigo y ellos pretendían que ardiera Feijóo y toda la Xunta, poco les importaban los ciudadanos que veían cómo sus casas, su vida, se volvían gaseosas, un recuerdo en polvo. La culpa de los incendios tenía que tenerla la política. Carcajeaban en el club de la comedia de su cuenta de twiter, en la hoguera de sus vanidades. Más madera. El día amaneció gris incluso en los lugares donde no se posó una nube en todo el día. La náusea coloreaba no sólo el devenir del fuego sino el ceniciento cerebro de los que desde aquí señalo por higiene mental.