Más pasado que futuro III

La Razón
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Les deje ayer con tres hombres: un presidente del Gobierno, un músico y un director de programas televisivos. Una mujer, Bárbara Rey. Al final de la escalera, el trono. Hechos: antes de las primeras elecciones, la mujer de la historia se convierte en la musa de UCD, animadora de mítines, conferencias y cualquier acto del partido. En los ambientes madrileños se empieza a comentar, con todos los añadidos que cada cual cose, la presunta historia del Rey y la vedette. Recordar que Alfonso XII y Alfonso XIII, bisabuelo y abuelo de D. Juan Carlos, también borbonearon mucho en el tema de los romances fuera del matrimonio, siendo las artistas un claro objeto de sus deseos. Alfonso XII conoció a una joven cantante de ópera, a los 15 años se prendó de ella pero pasaron seis años hasta que la volvió a ver. La soprano, que triunfo en todo los grandes teatros del mundo, se llamaba Elena Sanz. Además del arte, poseía una gran belleza. Don Alfonso es proclamado Rey de España, se casa con su prima hermana María de las Mercedes, el matrimonio dura apenas seis meses. La muerte deja desconsolado al Rey, aunque aliviaba las penas con ciertas jóvenes. Mientras está preparando su segunda boda con María Cristina de Habsburgo, se vuelve a encontrar con Elena, en la cúspide de su carrera. El flechazo es inmediato y para siempre. Se monta una casa cercana a palacio y la pareja tiene dos hijos, Alfonso y Fernando, a los que no se reconocen oficialmente. Elena deja su carrera para estar cerca siempre del Rey. Don Alfonso muere con 27 años. Su viuda María Cristina, una vez que jura como reina regente, de los primeros asuntos de los que se ocupa es que salgan de España la cantante y sus hijos. Para ello se le busca casa en París y se le asigna una pensión de 5.000 pesetas mensuales, una verdadera fortuna en la época. No da para más el espacio. El domingo final del culebrón real.