Orgulo gay iraní

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La fiesta está asegurada en Madrid. España es un país que en cuestiones de lo que se llamaba moralidad, usos, costumbres y toda esa mamandurria se ha destapado ejemplo a seguir. Cada uno a lo suyo. En este caso para bien: la tolerancia es más sana que la comida de Gwyneth Paltrow. En otros, para mal. Cuando la tolerancia se convierte en pasotismo comenzamos a cortarnos las venas sin darnos cuenta, y luego se sigue, como el que ha aprendido a montar en bicicleta, que parece que lo ha hecho toda la vida. Tolerar, por ejemplo, que Cataluña es Dinamarca, con Carmen Amaya bailándole a la sirenita.

Es cierto que hay sectores minoritarios y algún medio de comunicación de homofobia militante, pero hoy, estarán conmigo, en que no es lo habitual. La guerra se ha trasladado al centro del movimiento LGTBI. Unos que si plumofobia, otras que si no hay suficientes mujeres, en fin, una discordia que demuestra que cuando no hay enemigo potente fuera comienza la batalla y la visualización interior. La violencia de género en los nuevos matrimonios sí es para preocuparse. Las personas y los personos somos así. Resolvemos un problema y planteamos otro de más complicada resolución.

Sería buen momento para luchar no por los que el próximo sábado pasearán por la plaza de Colón como si fueran a su piscina privada. Chicos y chicas bien que abren el verano con una macrofiesta. Más que semáforos de parejitas y hedonismo capitalino, buen rollo capitalista, el ayuntamiento, tan «avant la lettre», podría llamar la atención sobre la situación de los homosexuales en esos países a los que no se les rechista. Que en Irán ahorcan a los gays no es una posverdad. Está acreditado que se les deja caer en la plaza pública hasta que la única bandera que los cubre es la negra del deceso. Más que «Refugees Welcome», en Cibeles debería ondear «Irán go home». En Rusia y sus países satélites son más duros con el «pecado nefando» de lo que aquí nos quieren convencer que siente la Iglesia. Sin embargo, vale una procesión del «coño insumiso» y no una manifestación anti Putin, o anti Maduro, ¿dónde estará Monedero el sábado?, del gorilón que odia a los mariconsones no tiene nada que decir Luis Alegre o la mano derecha de Carmena en el Consistorio. Así, el sábado, mientras cientos de miles anegarán Madrid de un orgullo tan legítimo como carnavalero, otros tantos perecerán en las cárceles de esos países que tanto tienen que enseñar a Occidente. Si hablamos de derechos, cojamos, pues, el camino recto.