Otra raza de psicópatas

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Desde tiempos pretéritos han existido hombres que se consideran con un derecho especial, al parecer, otorgado por los dioses allá por el año cero de la creación. Año en el que se les quedó atrofiado el cerebro y el alma. No puedo concebir a un violador como un ser humano sino como un malnacido primo hermano de la «raza» de los psicópatas. ¿Cómo sino explicar que un hombre viole, humille y traumatice a una mujer? Al parecer carecen de un alma que incluya compasión, respeto, empatía y conciencia espiritual. Asimismo, ignoran lo que es el karma. Por otro lado, hay algo que me chirría mucho: que una mujer sea pareja de un violador. Por ejemplo, el caso de uno de esos cinco presuntos autores de una violación grupal de una muchacha de 18 años en San Fermín 2016. ¿Cómo puede una mujer no sentir asco de un hombre que ha vejado a otra mujer? Hay mujeres que se enamoran –inexplicablemente– de asesinos y violadores confesos. La solución, según psiquiatras expertos en la materia no pasa por la castración, ya que los instintos «asesinos» anidan en otra parte del cuerpo humano –el cerebro–, con lo que el violador usaría otros métodos para dar salida a sus instintos criminales.

¿Qué nos pasa como sociedad? ¿Cómo podemos estar contribuyendo por acción o por omisión a que sigan existiendo hombres que gustan de destrozar el cuerpo y la vida psicológica de una mujer? ¿Qué tipo de familia tienen? ¿Odian a su madre? ¿Tan inferiores, tan frustrados, tan mierda se sienten? ¿Cómo es que no se lo hacen mirar? Supongo, que esta tipología de hombres debe considerar que las que tienen algo «malo» son las mujeres, no ellos. Me duele el alma sólo de pensar cómo se debe sentir una mujer violada. Cuando se viola a una mujer, se está violando a todas y, también a los hombres de buen corazón. Una violación es una herida en el alma humana de la sociedad de bien.