Perseguidos

Miguel Gila, tomando una copa con Gustavo Pérez-Puig en el bar del Mayte Commodore, después de mirar al norte, al sur, al este y al oeste, le reveló su trágica sospecha al director teatral. -Gustavo, la Policía franquista me está persiguiendo-. Gustavo tranquilizó al genial humorista. –No, Miguel. No te persigue. Te está buscando para que firmes el contrato, un año más, de tu actuación en La Granja en la fiesta del 18 de Julio-. Más tranquilo, Gila reconoció que se había ido de casa y que no tenía domicilio fijo. -¿Cómo te va a perseguir la Policía si es la propia Doña Carmen Polo la que ordena que te contraten año tras año?-. Y Gila, como aventuró Gustavo Pérez-Puig, pasó de perseguido a figura principal de la fiesta que conmemoraba la efeméride del Alzamiento Nacional.

Ya en tiempos de libertad, Eugenio Suárez me encomendó la dirección de un semanario satírico, «El Cocodrilo Leopoldo», con sede en la calle Covarrubias semiesquina con Sagasta. Entre los colaboradores que contratamos, destacaba Chicho Sánchez-Ferlosio, un tipo extraño y genial, hijo del falangista Sánchez-Mazas. Chicho vivió exiliado en París, y compuso una canción-elegía a Julián Grimau, dirigente comunista en la clandestinidad –y suegro de Gabriel Albiac–, que fue detenido por la Brigada Social y asesinado en una comisaría al «caer» a la calle desde una ventana. Fue Carrillo el que, desde París, informó a la Policía de los movimientos de Grimau. Al menos, así lo confirma Jorge Semprún en sus memorias. Chicho en España vivía más o menos feliz y disfrutaba visitando a diario la redacción de nuestro «Cocodrilo», que compartía espacio con «Sábado Gráfico», «El Caso» y «Velocidad». Por las tardes, el despacho de Eugenio Suárez se convertía en una tertulia variopinta, a la que asistíamos José María Stampa, Antonio Gala, Néstor Luján, Álvaro Cunqueiro, Juan Pérez-Creus y otros colaboradores de «Sábado Gráfico» entre los que me encontraba a mucha honra. Y una tarde, apareció por allí de uniforme el comandante de la Guardia Civil Cándido Acedo. Al ver a un jefe de la Guardia Civil uniformado, Chicho Sánchez Ferlosio equivocó el motivo, interpretó que iba a ser detenido y se arrojó a la calle desde la ventana del antedespacho del editor. Menos mal que era un bajo, el entresuelo, y su salto no tuvo consecuencias. Se persiguió a sí mismo.

Leo que el Gromiko del independentismo catalán, el que influye en Bruselas lo mismo que quien esto firma en la Asociación Nacional de Amas de Casa, ha declarado sin que le sude la calva de vergüenza lo que sigue: «Nosotros hemos sido perseguidos y refugiados y estamos al lado de todos los que hoy lo son». ¿Quién ha perseguido a Romeva? ¿De quién se ha refugiado Romeva? ¿ Cuándo y dónde han perseguido a Romeva y en qué lugar clandestino hubo de refugiarse?

El perseguido Romeva, el refugiado Romeva, no tiene quien le persiga ni precisa de refugio alguno. Se salta las leyes como todos los dirigentes independentistas, pero se le permite, como a uno más. Es el oficioso «ministro de Exteriores» del llamado Proceso, y vive entre Barcelona y Bruselas, donde al fin ha conseguido conocer a más de un funcionario de la Comunidad Europea. Se trata de Jacques Marie Florion Van Looy, jefe de la inspección y mantenimiento de maderas del edificio principal de la Unión Europea, con el que mantiene una fluida relación.

Pero nadie, absolutamente nadie persigue en España o en Bélgica a Romeva, y no precisa refugiarse en Barcelona o Bruselas, porque no hay quien pierda el tiempo procediendo a su persecución.

La farsa continúa.