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Poca mili

Siempre solemne y brillante. La Pascua Militar en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid. Dos Reyes y dos Reinas. Uniformidad de gala, decencia y patriotismo. Palabras del Rey dedicadas a su padre, Don Juan Carlos I. Y un detalle a destacar. El presidente del Gobierno tiene poca Mili. O lo enchufaron o no puso interés. Su despatarramiento durante el Himno Nacional se me antojó chirriante. No se exige a un civil la misma compostura y marcialidad cuando suena el Himno de todos que a un militar. Pero sí el mismo respeto. Ni el Rey ni la ministra de Defensa, ni el JEMAD, ni el JEME, ni el AJEMA, ni el JEMA ni los altos mandos de la Guardia Civil pretendían arrestar a Rajoy por no sacar pecho, meter tripa y juntar los tacones de sus zapatos durante la audición del Himno. Eso se enseñaba en la Mili y no se olvida. La ministra de Defensa sabe conformar la posición de «firmes» con más chulería y marcialidad castrenses que Rajoy. Tiene más Mili la ministra Cospedal que el presidente Rajoy. Por su estética durante el Himno, daba la sensación de que la ministra cumplió quince meses de Mili en una unidad severa mientras Rajoy cumplió con España en la Panadería de un Regimiento.

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Claro, que su antecesor en el cargo, Zapatero, abría más las piernas que Rajoy. Y dejaba caer los brazos sobre sus muslos, como un mono cansado. Felipe González y Leopoldo Calvo-Sotelo sí guardaban la compostura militar. Aznar, ni idea. No quiso hacer la Mili por tener los pies planos, se la cargó y terminó con una tradición secular que favorecía la hermandad e igualdad entre todos los españoles. En lugar de una reforma, optó por la ruptura, la desaparición. Bush le enseñó a saludar militarmente sin gorra, que es muy americano, pero en España resulta ridículo. Se dedicó a cuidar su cuerpo haciendo más ejercicio que el de la Mili, con lo cual dejaba libre la sospecha de que se escaqueó. No fue un presidente cercano a la honestidad de los militares. Y muy antipático. Me recordaba un general que, en una visita a una Unidad, tuvo que recibir y dar novedades al presidente Aznar: «A las órdenes de Vuestra Excelencia, señor Presidente. Formada la Unidad en su Honor»; normalmente, se responde con gratitud a la cortesía: «Muchas gracias, mi general». Aznar respondió con sequedad. «Por supuesto». No tenía Mili. Ni educación. Un 12 de Octubre, algo lluvioso, recibió en la plaza de Colón al Rey Don Juan Carlos que presidía el desfile con una gabardina. Tuvo el detalle de no llevar el paraguas.

Un presidente del Gobierno tiene la obligación de saber comportarse con decoro durante el Himno Nacional. No es preciso que pierda la mirada por las alturas y resuene el choque de sus tacones al juntarlos para adquirir la posición de «firmes». Pero de ahí a situar las piernas de tal modo que podría deambular entre ellas un jabalí de avanzada edad sin rozarle los muslos, media largo trecho. Habría hecho bien en pedirle consejo a Jordi Pujol, que hizo la Mili con las Milicias Universitarias alcanzando el empleo de alférez, cuando todavía la oficialidad llevaba botas altas, y tanto le gustó la experiencia que a punto estuvo de reengancharse. Se equivocó, porque en el ejército se enseña a vivir con humildad y a respetar los bienes ajenos. Se enseña, entre otras cosas, a no ser un traidor a España y a no robar. Lo tranquilo que estaría ahora viviendo como un honesto coronel retirado.

La Corona, las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil y el CNP figuran entre las instituciones preferidas y más respetadas por los españoles. El pueblo –que no la gente, y menos aún la gentuza-, intuye dónde está el patriotismo, el servicio y la decencia. De ahí la importancia que tiene la tradicional Pascua Militar presidida por el Capitán General, que es el Rey. En esta ocasión, con otro Capitán General que ha comandado a las Fuerzas Armadas durante sus cuarenta años de reinado. Sería conveniente que, de seguir el PP en el Gobierno en 2019, una vez a la semana, le mandaran a Rajoy un cabo instructor para enseñarle la posición de «firmes». Tiene poca Mili.