«Podemos». ¿Qué podemos?

Sin ánimo de minimizar el claro toque de atención a los dos grandes partidos nacionales en los comicios europeos del domingo, creo tener suficientes elementos de juicio para afirmar que se está oficiando un prematuro funeral al bipartidismo.

Cuando desde análisis como mínimo interesados se extrapola el resultado del «25-M» a unas hipotéticas elecciones legislativas para mostrarnos un parlamento bañado en sopa de letras, no sólo se establecen deducciones de «corta y pega», sino que se comete la osadía de repartir proporcionalmente con criterio de estas europeas los votos que no se van a quedar en casa en unas generales.

La irrupción de Podemos es democráticamente irreprochable, han cambiado el «no nos representan» por el sometimiento al veredicto de las urnas, pero eso no entierra el bipartidismo, simplemente cuantifica en votos y en escaños la dimensión real del movimiento «15-M».

Podemos ha sabido llegar a un determinado electorado diciéndole lo que le gusta escuchar y con una estética de izquierda Twittera que a poco que se rasque en algunas de sus propuestas más allá de 140 caracteres nos descubre tics del más rancio bolchevismo. No hay más que ceñirse a la textualidad de algunas de sus propuestas o de las palabras de su líder, Pablo Iglesias:

Quieren acabar con la que llaman «derecha mediática» ¡como si no hubieran tenido sus propios apoyos mediáticos! Quieren ensalzar un concepto de autodeterminación de los pueblos que cuestiona la unidad del país. Quieren la expropiación de viviendas aunque sean legítima opción de ahorro de muchos trabajadores. Quieren la patada en la puerta. Quieren que se llame libertad de expresión a determinadas prácticas de terrorismo. Quieren papeles para todos... Pues que se sepa, que se sepa. No vaya a ser que sí que puedan.