Pruebas

Al contrario de lo que ocurre en otros países donde la corrupción tiene que ver, generalmente con una Justicia vendida al mejor postor, en España, esta lacra tiene su origen en tres problemas que no hemos sabido resolver: el urbanismo, las listas cerradas y la financiación de los partidos. Mientras los alcaldes no tengan más vía de financiación que la recalificación y venta de suelo, el ciudadano deba elegir en bloque a quienes quiere que le representen y los partidos sigan subvencionándose en un 80% con dinero público, mal vamos.

Estas tres cuestiones, de las que derivan el 99% de los casos de corrupción conocidos– aunque, a la hora de la verdad, los únicos ligados a su financiación que han sido probados corresponden a PSOE (caso Filesa) y a Unión Democrática de Cataluña, cuyos responsables acaban de reconocer ante el juez que distrajeron fondos para pagarse las cuentas propias– solo pueden atajarse desde el consenso entre los dos grandes partidos que, son a la hora de la verdad, los que llevan mareando la perdiz sin terminar – como también ocurre con la ley de Huelga– de colgarle el cascabel al gato. Habría que preguntarles por qué.

Sobre el último escándalo de los sobres en el PP, la presunción de inocencia debe prevalecer mientras no haya pruebas fehacientes más allá de una acusación en titulares, que todavía está por verse. Es la misma presunción que debemos aplicar a los 26 casos de corrupción que afectan a distintos partidos y que están en los tribunales. Éste, ni siquiera eso, así que con más motivo. De cualquier forma, el anuncio de Rajoy de que habrá una auditoría externa sobre las cuentas de su partido es lo mejor que podía suceder. No hay otro camino: luz, taquígrafos y que Dios reparta suerte. Otra cosa es inadmisible.