Pruebas y crédito

La banca de la eurozona afrontará en 2014 nuevos test de estrés del BCE, cuyos detalles empezaremos a conocer en pocos días, al tiempo que deberá cumplir con las nuevas reglas de Basilea III. Dirá usted: la economía da buenas señales y, si los gobiernos no aumentan los castigos, con una banca mejor capitalizada volverá el crédito. Pero no está claro. Esta semana hemos conocido el caso de un banco español que generó pérdidas y terminó más saneado; el BBVA vendió el 5% de Citic, llegando así al mágico 9,9 %, que alivia la ratio de capital principal exigida por Basilea III. Entre sumas y restas, el BBVA obtiene 72 puntos básicos de ganancia de capital, como informó ayer Michela Romani en «Expansión». Nuestros bancos, que invirtieron en el exterior tomando participaciones minoritarias, pero superiores al 10%, deben ahora desinvertir o soportar onerosos costes de capital. ¿Es o no es bueno que la banca esté más capitalizada? En principio sí, pero con dos matizaciones cruciales. Primera, no es el capital lo que garantiza la solvencia de un banco sino sus buenas inversiones y la eficaz gestión de sus activos. Segunda, como escribió Daniel Lacalle, «la banca no puede soplar y sorber a la vez.: es decir, reducir deuda (recapitalizarse) y dar crédito a diestro y siniestro mientras les atiborran de deuda soberana» (http://goo.gl/P5xEzc). Una deuda, cabe añadir, que no sólo debe ser fiable sino además contenida, y esta semana ratificó el Gobierno que no bajaremos del 100% del PIB en los próximos años. En ese contexto, la conclusión de Lacalle es la siguiente: «Ante una nueva revisión de la calidad de los activos bancarios, mientras los estados siguen endeudándose y acaparando el crédito disponible, es prácticamente imposible pensar que la financiación a empresas y familias se vaya a recuperar de manera relevante» (http://goo.gl/BmuqTD). Los políticos predican eso de «que fluya el crédito» tanto como conspiran contra su fluidez, excepto si fluye hacia ellos, claro.