¿Qué hay de mi pensión?

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En España hay más de seis millones de pensionistas, un colectivo que de manera especial acude religiosamente a las urnas y eso –que diría Rajoy– no es cosa menor. Tal vez por ello, el secretario general socialista, Pedro Sánchez, en un momento en el que toca taponar –encuestas en mano– lo que se fuga a Ciudadanos sin dejar de lado la reconquista de lo emigrado a Podemos, ha optado por dar un paso adelante proponiendo unas ya conocidas medidas para sufragar las pensiones cuya difícil concreción y probable inconsistencia no han merecido mayor atención ni entre supuestos afectados como la banca, ni entre los posibles beneficiarios futuros mas allá de tentarse la cartera, no vaya a tocarles una parte de la «derrama».

Lo de dar con un sistema de pensiones públicas que las garantice a medio y largo plazo viene a ser como la reforma del Senado, todos hablan de su necesidad pero nadie acaba por agarrar, con la decisión que exige el problema, el toro por los cuernos. Cuando hablamos del «disputado voto» del señor pensionista y de los que están por llegar, se hace más evidente que nunca la ecuación ante todo responsable político con vocación de poder: a más realismo, menos rédito electoral, lo que deriva en más parcheados para solventar el corto plazo cuando se está en el gobierno y a auténticas prédicas de trigo sin explicar cómo y de dónde se sacará cuando se está en la oposición.

El debate viene a ser cíclico por inevitable y lleva brindándonos episodios estelares desde hace no pocos años. Fue Felipe González quien destapó en el año 94 la caja de truenos en uno de esos arrebatos de realismo que tanto exasperaban a una parte del PSOE, al preguntarse en un encuentro informal con los periodistas que le acompañábamos a una cumbre en Azeitao (Portugal) si él mismo, recién llegado por entonces al club de los cincuentones, llegaría a cobrar una pensión digna de no coadyuvar con un fondo privado. La opinión pública tardó en sobreponerse al jarro de frío pragmatismo por parte de alguien que enfilaba su recta final en La Moncloa. Curiosamente el relevo con su sucesor Aznar vino marcado por la necesidad de pedir un crédito a la banca para poder pagar las pensiones y hubo que esperar hasta el «milagro económico» –qué cosas– de la era Rato para que Aznar allá por 2000 en otra cumbre de la que también fui testigo en el lago de Como (Italia) y con claros síntomas de «morir de éxito» anunciara la creación de ese fondo que hoy conocemos como «hucha de las pensiones». Pero el cerdito ya hace tiempo que tuvo que romperse y resulta que en estas nos encontramos, con el mismo asunto abierto en canal y con los futuros pensionistas experimentando exactamente la misma incertidumbre personal apuntada en aquella ocasión por Felipe con los 50 recién cumplidos. Tal vez se obre el milagro y sus sucesores al frente del PSOE sufran otro bendito ataque de realismo.