Rajoy optimista

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Rajoy tiene sin duda razones para mostrar cierto grado de optimismo ante la posibilidad de encabezar un Gobierno a primeros de agosto: el proceso de negociación acaba de empezar, los partidos de oposición han sufrido un correctivo severo, el Partido Popular está unido en torno a su liderazgo y, en general, los líderes políticos están dispuestos a hablar, ya que no a negociar. Es la consecuencia del cambio producido por los resultados de las últimas elecciones del 26-J.

Es cierto que hay razones para hacer una interpretación menos animosa. Ciudadanos ha variado la posición de veto a Rajoy que preconizó en la última campaña, pero al decantarse por la abstención (en segunda votación, sin que se entienda por qué no se abstiene ya en la primera) le permite al PSOE tomar aire y articular con más holgura su «no» a la investidura del presidente. Además, no se ve en las filas socialistas un movimiento claro hacia la definición de una política nacional, más bien al revés. El PSOE, que preconiza una España federal, parece estar dispuesto a dar ejemplo de federalismo en sus filas, con la debilidad de su liderazgo central y la multiplicación de centros de decisión en las autonomías.

Con aliados tan inconsistentes, todo recae sobre los hombros de Rajoy, al que los demás no dejan de decir lo que debe hacer: coaligarse con los «afines», trabajar más, esforzarse, seducir ha llegado a decir Rivera, que de la nueva política parece haber saltado a la postmodernidad burbujeante. Lo chistoso es que los dos partidos de oposición constitucional revelan así cierto respeto, por no decir miedo, al PP. Ciudadanos, a que el Partido Popular lo engulla en cuanto la colaboración sea demasiado cercana. El PSOE, a ser visto como un partido de gobierno, exactamente como el PP, lo que dejaría su propio espacio de izquierda asilvestrada a los compañeros politólogos.

Es posible que sea esto lo que anima a Rajoy, y se entiende el porqué, al menos en el corto plazo que es ahora mismo lo más importante. Mirando un poco más lejos, y teniendo en cuenta que los dos partidos de oposición tienen interés al mismo tiempo en colaborar (para no ser responsables de unas terceras elecciones) pero también en hacerlo lo menos posible (para salvaguardar su propio espacio), el PP haría bien en plantearse el recuperar el conjunto del centro derecha y no depender de nadie.