Resistencia y comprensión

Una cosa lleva a la otra. El Partido Popular está aguantando el tirón porque hay una mayoría de compatriotas que ha interiorizado que las reformas y los ajustes suman el ineludible y doloroso peaje a pagar para salir de la crisis. O al revés. Puesto que son millones de compatriotas los que han asumido que sólo combatiendo el inmovilismo se deja atrás la recesión, hay una fuerza por encima de todas que aglutina las voluntades de los que no patalean ni chillan ni lloriquean en vano. Ahí, con sus defectos y limitaciones, está el mérito del Gobierno de Rajoy.

No hay nada serio ni fiable ni rocoso ni numeroso al otro lado. Ya puede mirar uno a los socialistas, que se arremolinan en un partido quemado, carente de músculo, ayuno de cerebro. O a UPyD, que está mostrando de forma prematura sus barreras para seguir creciendo superado el petardazo inicial. O a los nacionalistas, que se desfondan irremediablemente víctimas de sus experimentos y delirios, sus tonterías y payasadas y astracanadas. O a los comunistas, que han tocado techo con más éxito del previsto tras echar sus redes por encima de «perroflautas» y «antisistema» de todo pelaje.

La encuesta es buena para el Partido Popular y para España. No seamos ingenuos. Nadie aplaude a rabiar al encargado de gestionar los dineros en una época de escasez y, en algunos extremos, hasta de miseria. Pero es evidente que los ciudadanos, aún a regañadientes, están dando un voto de confianza a los que saben, a los que pueden, a los que sin desmayo echan el resto cada día para la recuperación. Son ahora éstos los que han de aprovechar este aliento. Y hacer de la necesidad virtud. No hay marcha atrás.