Ridículo mayúsculo

Después de dos años de debate político en torno al derecho a decidir, resulta que miles de debates después, partidos esquizofrénicos, sociedad dividida, y soflamas variopintas y variadas, no sabemos los catalanes sobre qué vamos a decidir. Algunos que se sumaron con entusiasmo a saltarse la ley en lugar de optar por cambiarla, imbuidos por la épica patriótica nacionalista, han descubierto ahora que la consulta era por la secesión. Tan ufanos estaban abanderando la democracia ante la legalidad que se han tomado su tiempo en descubrir que estaban de fango hasta las orejas.

El primero, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas. El gran culpable de poner al país al borde de la ruptura social y del colapso político, eso sin tener en cuenta el más que probable colapso económico que llega –no duden que llegará- en un momento más que delicado para la economía doméstica y de país. Tantos regates en corto y tantos requiebros sobre el estado propio, el estado soberano y la voluntad de, la tan cacareada, mayoría del pueblo, que ahora se ha dado de bruces con la realidad. Mas no sabe que preguntar. Se puso al frente de la ola y se ha dado cuenta que no la controla. Detrás de él, otros culpables como el PSC, la Unió de Duran i Lleida, Iniciativa per Cataluña y los sindicatos UGT y CC OO además de la Pimec y la Cecot.

Todos juntos se pusieron a atizar el fuego en la olla de los sentimientos. Parece que ahora quieren apagarlo planteando una pregunta que necesitará para su votación de amplios conocimientos en trigonometría y algebra logarítmica. Sin embargo, en el imaginario popular el derecho a decidir sólo tenía una connotación clara y precisa. Independencia sí o no. Los que inconscientemente lo han apoyado ahora ven que la realidad les ha superado y se afanan en buscar soluciones a su propio desaguisado. Por eso no extraña que en las encuestas salgan reforzados los dos extremos. Los que se han mantenido firmes en sus postulados. ERC y las CUP, por un lado, y Ciutadans, por otro. Convergència i Unió se lame las heridas de los errores de sus visionarios dirigentes, mientras que PSC y PP se asemejan más al ejército de Pancho Villa en franca retirada. Iniciativa sigue en su particular páramo no recogiendo ni siquiera el desconcierto de los socialistas que huyen en desbandada a las trincheras de Albert Rivera.

Después de dos años de derecho a decidir, la política catalana está cruzando la delgada línea roja del ridículo, sino lo han hecho ya. La hoja de ruta es un puro cachondeo. No tener pregunta a estas alturas de la película es ridículo. Para unos más es más mayúsculo que para otros.