Se acabó el chollo

N unca es tarde. Y lo que el Gobierno propone no es sólo lo que impone el sentido común sino lo que demanda la mayoría absoluta de los españoles y lo que está señalando la justicia. Los cursos de formación gestionados por las élites sindicales son un desastre. A las pruebas hay que remitirse. No es que sean manifiestamente mejorables. Es que hay que cambiarlos de arriba abajo.

El PP está en lo que hay que estar. La Unión Europea ha puesto en el punto de mira a UGT. La Fiscalía Anticorrupción, la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía y el aparato del Estado de Derecho en este país están trabajando proactivamente contra el fraude. Y la estafa capital de estos farsantes está asociada a esta práctica que han prostituido sin tregua y con el afán de lucrarse desmesuradamente.

Por fin hay un poder ejecutivo que ha reaccionado ante estos mangantes que no han pretendido ayudar a los parados sino forrarse; que no se han marcado como prioridad echarle un cable en su capacitación profesional a quienes han sido marginados por el mercado laboral sino hacer caja. Esto significa erigirse en sinvergüenzas, en vividores.

Así que éste que se marca desde Moncloa es el verdadero paso para la regeneración. Las cosas mal hechas hay que hacerlas bien. Sin dilaciones. Son complejos. Le duela a quien le duela. Sobre todo cuando quienes sienten el daño son los granujas de medio pelo que nos han metido la mano en el bolsillo y quieren irse de rositas. No lo van a conseguir. Se están dando cuenta. Y están empezando a ponerse nerviosos. Éste es el camino.