Se buscan urnas

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Haría mal el lector riéndose de la operación fallida de la Generalitat, que ha tenido que dejar desierto el concurso para la fabricación de urnas para el referéndum. Uno de los dos licitantes, Andreu Marquès, jefe de proyectos de Plastic Express, reconoció ayer, en declaraciones a la emisora RAC 1, que se retiraron de la puja al constatar que el «Govern» no les ofrecía suficientes garantías: «Había incertidumbre. Ni fecha de entrega, ni cuándo ni cómo nos lo quieren pagar. Estamos casi a principios de julio y tendrían que estar listas en septiembre y se necesitarían entre dos meses y medio y tres para fabricar las urnas». El asunto significa, seguramente, que las cajas para los comicios de la traición se están haciendo de otra forma. En prisiones, como la otra vez, o en aulas de pretecnología, o vaya usted a saber. El fabricante de Plastic Express reconoce por otra parte que, a partir de ahora, la Generalitat puede determinar sin concurso quién va a fabricar las urnas y aclara que estaría encantado de ser el beneficiario de semejante elección y que no teme ni al poder judicial ni al policial. A veces tengo la impresión de que buena parte de los catalanes están en un planeta distinto al mío, donde siguen vigentes las leyes y la Constitución, la lealtad entre parlamentarios y ciudadanos y el respeto mutuo.

Algo de tranquilidad me ha proporcionado saber que la Guardia Civil ha empezado a interrogar a funcionarios sobre el censo de catalanes en el extranjero. Cinco mil de los aproximadamente 200.000 se han inscrito ya en un registro para votar en octubre. Echar un vistazo a las páginas de los servicios exteriores de la Generalitat produce pasmo. Cada mes se publican los nombres de nuevos «embajadores» en lugares remotos, generalmente periodistas o profesionales en momentos bajos que aceptan gustosos enormes emolumentos públicos. Entre estos se cuenta la hermana de Guardiola, embajadora en Escandinavia. Gracias a estas satrapías exteriores se van difundiendo conceptos catalanistas fuera de España. A estos esfuerzos con dinero del contribuyente corresponden por ejemplo las noticias que van apareciendo sobre el «procés», como el editorial del «The New York Times» aconsejando un referéndum en Cataluña o el careo de artículos de Albert Boadella y de Lluis Llac sobre el mismo tema en «Le Monde». Estos textos, difundidos después por las webs diplocat o exteriors.gencat.cat y repicados por Catalunya Radio, TV3 y las demás emisoras subvencionadas convence paulatinamente al ciudadano catalán de que se está produciendo de veras un mecanismo real de secesión. Asistimos a la creación de un mátrix independentista ante nuestros ojos alucinados. La distancia entre lo que pasa en Cataluña en la calle y lo que se percibe en el resto de España es enorme. Aquí se toma todo por un exagerado delirio, allí parece algo normal y casi inevitable. Tal desnivel es peligroso. Si la realidad no casa con el imaginario de un sector radicalizado de la población catalana no sería de extrañar un choque desagradable.